martes, 17 de febrero de 2009

Entrenamiento

Desde que el/la bebé nace comienza a ser entrenado/a con un horario para dormirlo/a, alimentarlo/a, asearlo/a. Luego, en los primeros años de su vida el entrenamiento se orienta a las facetas de hablar, de caminar, de comer, a la forma de realizar sus funciones fisiológicas y a los hábitos de higiene. Como también se le entrena para: socializar, leer, escribir, efectuar tareas domésticas y practicar algún deporte.

Generalmente, el entrenamiento en el ámbito familiar termina antes de la adolescencia porque se considera que ya el hijo o la hija tiene las destrezas necesarias para desempeñarse. Y con relación a la parte cognitiva, la familia cree que si le facilita el ingreso a la escuela, el/la niño/a adquirirá allí lo necesario para tener el tipo de éxito que ellos desean que tenga.

Los adiestramientos antes indicados son importantes y la escolaridad es un componente en el bienestar del individuo; pero, en ningún caso solamente éstos conforman las competencias básicas para vivir. Creer eso, es un error.

Si algo ha demostrado la historia del ser humano es que éste precisa de entrenamiento para aprender a pensar, a estar consciente, a respirar, a amar, a utilizar sus energías, a silenciarse, a desarrollar sus potencialidades, a manejar sus emociones. Ésos son poderosos ejercicios de crecimiento que gravitan en todos los aspectos de la vida humana.

La vida es una secuencia de desafíos existenciales que está más allá de las tareas domésticas y profesionales. Incluso, hay que entrenarse para aprender a aprender.

Cuando usted entrena su mente puede pensar positivamente, prestar atención, tomar claras decisiones, eliminar adicciones, focalizar sus energías, cultivar su autoestima, desarrollar su creatividad, revelar flexibilidad, manejar sus expectativas, develar sus aptitudes e impulsar sus actitudes.

Con unas emociones adiestradas usted, entre muchas otras acciones, puede liberar la ira, la impaciencia, la ansiedad, el resentimiento, el egoísmo; experimentar una afectividad consistente; ejercer el dar y el recibir como base en el compartir; “dejar ir” a personas y situaciones; gozar la soledad; eludir o resolver conflictos; suspender la recurrencia al drama y entusiasmarse con lo que hace.

Por supuesto, la gimnasia de el pensamiento y de los sentimientos también beneficiará su cuerpo físico; evitará somatizar las dificultades, aprenderá a alimentarse, a relajarse, y a descansar y a ejercitarse adecuadamente.

Como toda práctica, con el pensar y el sentir igual hay que hacerlo de manera disciplinada, sistemática y constante, porque, ¿acaso usted deja de caminar, comer o hablar después de haber aprendido a hacerlo?... ...

Adiestrar su mente, sus emociones y su cuerpo físico le proporcionará alegría, salud, bienestar y felicidad. Además, le permitirá disfrutar con plenitud la riqueza material que se derive de sus logros.

Compruebe el poder que tiene el entrenamiento de la mente y de las emociones. Únicamente así usted puede controlar su vida. ¡Entrénese!

¡Bendiciones!

“El descubrimiento más importante de mi generación es que los seres humanos, con solo cambiar las actitudes interiores de sus mentes, pueden cambiar los aspectos exteriores de sus vidas”. W. James