miércoles, 16 de enero de 2008

El hogar

Comprar vivienda es una aspiración generalizada. Se le considera un bien que brinda "seguridad"; lo cual es bueno.

Sin embargo, sería mejor que dicha adquisición tenga por objetivo vivir la experiencia de hogar y no sólo la tenencia del activo material.

La vivienda está conformada por el techo, el piso y las paredes. El hogar lo conforman quienes residen en él.

Una vivienda puede existir vacía u ocupada. Las personas que yacen en ella pueden ser simples ocupantes, como en la habitación de hotel, o hacer de ella un hogar.

El hogar no es otro sitio más entre los que transcurre parte de la cotidianidad. Es un espacio de actividades de alto valor para el ser humano: crecimiento, interrelación, aprendizaje. Y ante todo, donde se convive; exponiéndose, con menos careta, las debilidades y las fortalezas.

En él se trata de dejar fuera el ambiente hostil, los eventos traumáticos, el lenguaje soez, los comentarios denigrantes o agresivos aun con palabras pasivas. Así como la imagen de dominación; dejando vacante las posiciones de víctima y victimario/a.

La morada donde es menos probable renunciar a fomentar el estímulo, el consuelo y el perdón más allá de los posibles avatares de las diferencias, preferencias, ofensas y la separación.

Allí, la alegría y la tristeza; los triunfos y los fracasos; la salud y la enfermedad; la abundancia y la carestía; la dicha y la desventura, se experimentan con un sólido sentimiento de solidaridad.

En privilegiado lugar la domesticidad no tiene etiqueta de inferioridad y ejercerla no significa ser acólito de los demás. Cada quien le respeta el espacio personal al otro y las puertas permanecen abiertas aunque estén cerradas; igual que la disposición para actuar de catalizador. Los participantes liberan tiempo para la comunicación efectiva y expresan la necesidad de atención.

Ese domicilio puede tener ausente el lujo, el confort, la caja fuerte con dinero y objetos costosos, o muchos sirviendo a pocos. Pero en él se aprende y valora el empeño, la gentileza y la integridad.

Hábitat donde mamá y papá disfrutan los/as hijos/as permitiendo ver sus fallas sin que ello socave la autoridad de sus roles. Se crea la autoestima, los principios, el carácter y la vocación para la felicidad. Y la autenticidad es compartida sin arriesgar los afectos.

También es el espacio para gozar de sosiego, silencio y reflexión. Para exaltar la paz, la verdad, la aceptación y la bondad. Como la iglesia, la mezquita, la sinagoga, la casa de retiro o el centro de oración.

O sea, en éste, los ánimos están dirigidos a producir momentos memorables. Episodios promisorios que sirven para transitar con certidumbre; haciéndolo de modo esperanzador, rehusando una visión cínica del mundo.

Erigir el hogar es una responsabilidad de cada miembro/a del grupo que lo compone. En la dinámica familiar todo esfuerzo tendrá sentido si conduce a sumar armonía, porque esto ha de ser el mejor activo de esa pequeña sociedad, que con sus acciones puede multiplicar los dividendos del gran colectivo humano.

El hogar no será el lugar perfecto, pero debería ser el que más se acercara, a la utopía social pensada.

¡Bendiciones!

“Tu morada es un templo, si la tratas como tal”. Buda