La Colaboración es una de las múltiples prácticas que también debe iniciarse en el ambiente hogareño, y beneficia la relación y la productividad humanas.
Sin embargo, en la dinámica familiar frecuentemente se omite tal práctica. El programa de actividades diarias de quienes conforman la familia (con la posible excepción de la programación de la madre), generalmente está repleto de ocupaciones pero no incluye las domésticas, a través de las cuales es que casi siempre se origina la colaboración.
Desde la infancia se debe enseñar al ser humano respecto a la importancia que tiene para sí mismo y para la familia la tarea que cada uno de los miembros del hogar realice en el hogar. Debe explicársele con claridad el porqué de la colaboración y lo que debe hacer, enseñándole, por ejemplo, a llevar al zafacón la bolsa con basura, a preparar la mesa para comer, a lavar los platos, a limpiar el baño…
Por supuesto, hay personas que no facilitan la colaboración de los otros por creerse autosuficientes, por sus excesos de servilismo, por considerar que son las que saben hacer lo que hay que hacer, por complacer, por sobreproteger, por controlar, por mantenerse hiperactivas, por miedo a que el/la otro/a demuestre sus habilidades. Igual lo hacen para provocar en los demás un sentimiento de ser individuos imprescindibles o por no haber aprendido sobre el valor de la sana colaboración.
Como todo ser humano tiene puntos fuertes y debilidades, sea infante o adulto, aportará de acuerdo a su particular energía, a su conocimiento, a su capacidad, a su destreza y a su determinación de efectuar una colaboración eficaz.
Por eso es valioso el claro sentido de colaboración; éste se refleja en las relaciones personales, profesionales, laborales, de amistad y en los grupos sociales.
En el espacio laboral la colaboración es apreciada por los resultados positivos que genera, motivo por el cual es vital que cada quien entienda el papel de cada trabajo dentro del propósito de la organización.
Ese comportamiento, además, tiene repercusión en el orden social; el individuo haciendo lo que debe hacer colabora con los objetivos generales de la sociedad.
La colaboración también facilita la interacción y el aprendizaje porque es un medio para conocer las habilidades de otros y utilizarlas para fines comunes; incluso, puede fortalecer los lazos afectivos.
¡Bendiciones!
“La unión hace la fuerza, pues cuando un elemento (neurona, idea, persona, etc.) se une (conecta, asocia o enlaza) con otro resulta una energía total (fuerza, potencia o poder) que supera con creces a la simple suma aritmética de sus energías o fuerzas parciales”. (Autor desconocido).
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