Una de las acepciones del término “entusiasmo” es: inspiración divina. Pero esta reflexión se enfocará en su atributo como herramienta vital para motorizar las acciones de vida, experimentando gratificación en los procesos.
Parte de la tristeza y el fracaso que vive mucha gente está vinculada a la falta de entusiasmo en lo que hace. Eugene D´Ors afirma que: “No hay en el mundo peor bancarrota que la del hombre que ha perdido su entusiasmo”.
Varios factores inciden en tal actitud. Por ejemplo: si el individuo en su zona de interés personal no es fácil de motivar, es muy voluble en sus tendencias, efectúa sus actividades por imposición o porque quizás ha establecido sus metas sólo en función de exiguos resultados y no los quiere mejorar.
También, si la persona no se permite la flexibilidad, se restringe la espontaneidad o se rehúsa a modificar su conducta, hábitos, tareas. Igualmente, si padece de alguna condición emocional o física de cuidado, por lo cual precisa recibir un trato especializado.
El entusiasmo es el mejor aliado de la actitud positiva. Dependiendo de la estructura mental y emocional del ser humano, éste, entre otras razones, puede entusiasmarse al recibir una propuesta que le sea significativa, al concebir una idea que le gustaría concretar o por alguna decisión que tome para transformar determinado aspecto de su vida.
Regularmente, el individuo entusiasmado no se detiene demasiado tiempo a procesar las probabilidades con una mente sobre analítica. Casi siempre ofrece una respuesta inmediata o a breve plazo en el accionar, porque el entusiasmo toca la sensibilidad, la preferencia particular.
Un destacado mérito del entusiasmo es su aporte de sensación de energía renovada que mueve a las iniciativas, al mejoramiento personal, en los procesos productivos y en los actos de bien hacia los demás.
Sin embargo, hay que saber manejar el apasionamiento porque en algunos es de muy corta duración y otros cometen errores de imprudencia si esa emoción es excesiva. Como en todo, es recomendable el equilibrio.
El entusiasmo es una manifestación del espíritu. Un recurso característico en los emprendedores, los optimistas, los progresistas, los triunfadores. Se irradia y hasta se contagia.
Es saludable siempre tener algo por el cual estar entusiasmado. Es un buen medio para combatir la depresión, el estancamiento, la inercia. Apoya las motivaciones para ejecutar grandes o sencillas aspiraciones, y en casi todas las circunstancias puede generar movimiento para erigir cualquier proyecto de vida. “El simple entusiasmo es todo en todo”, nos recuerda William Blake.
Los desafíos son más estimulantes cuando se afrontan con entusiasmo. Es como agregar sal a la determinación de superarlos.
Permítase entusiasmarse con su vida para vencer dificultades, para crecer en el bienestar y para mejorar algo en la existencia de otros.
¡Bendiciones!
“Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos”. Ch.Kingsley
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