La música es un ostensible festín para el espíritu y los sentidos, y aprenderla estimula actividades cerebrales que influyen en el desarrollo completo del ser humano. “La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”, así la resume Platón.
La música nació con el universo, con la naturaleza y con la existencia humana y es considerada más que un lenguaje universal. Los antiguos tratados nos refieren sus beneficios; las distintas investigaciones sorprenden en sus resultados por la multiplicidad de sus aportes; y dado que sus respuestas emocionales dependen del tipo de música que se escuche, nuestro enfoque resalta la eufonía; no el “ruido”.
Los especialistas del tema le atribuyen a la música poder para disminuir el dolor y las tensiones y mejorar diversas funciones. Los efectos fisiológicos de la música actúan sobre el sistema nervioso, el circulatorio, el inmunitario y el cardio-respiratorio, y en el metabolismo. Incluso, es utilizada por obstetras en programas de estimulación temprana a partir de los tres meses de embarazo
Se ha comprobado que la música favorece el incremento de la energía; la producción de endorfinas, dopamina, acetilcolina y oxitocina que ocasionan alegría, optimismo, relajación, pensamientos y estados de amor y armonía. También destacan sus contribuciones en el aprendizaje, fortaleciendo el desarrollo del intelecto, propiciando la creatividad y depurando la sensibilidad.
En hospitales de países desarrollados se reconoce que la música es una de las terapias naturales más efectivas y hace posible la existencia de un departamento de Musicoterapia destinado a aplicarla como método eficaz en padecimientos mentales, emocionales y físicos; ayudando en pacientes recluidos, depresivos, de baja autoestima o abusados de manera psicológica y física.
Justificadas fueron las razones de Martín Lutero para afirmar: “En la tierra nada se presta tanto para alegrar al melancólico… para infundir coraje a los que desesperan, para enorgullecer al humilde y debilitar la envidia y el odio, como la música”.
En la publicidad, en el cine, en las festividades grupales o en las celebraciones nacionales se incorpora la música de forma usual; y en los gimnasios también lo hacen para efectuar determinados ejercicios.
La música es arte, afinación, cultura, inspiración, sensibilidad, creatividad, estética, diversidad; conecta, une, sana, educa, distiende, divierte; y es un privilegiado recurso de comunicación emocional, reflexiva, didáctica, social, sensual, de alabanzas, de clamor, de concienciación.
Por su contenido de información, su sublimidad armónica y su diáfano sonido una pieza musical puede ser considerada suprema.
La variedad de música creada por el ser humano es maravillosa. Presente en cada rincón de este Planeta, cada día nuevos ritmos, nuevas fusiones musicales nos asombran con sus mensajes de solidaridad, de amor, de paz, de poesía, de pasión en magníficos diálogos interculturales.
Nadie se resiste al éxtasis que pueden provocar ciertas composiciones interpretadas al piano, violín o flauta… o por un bongó.
Espiritual y religiosa como el Góspel y los cantos Gregorianos; folclóricas, como las estupendas de Brasil y de China; instrumentales como las baladas románticas y, por supuesto, la excepcional clásica, son ejemplos de buenas preferencias musicales.
Acuda a conciertos, aprenda a tocar un instrumento. Escuche música de distintos géneros y culturas.
Integrar a su cotidianidad los beneficios de la música de calidad puede mejorarle el día y también su vida.
¡Bendiciones!
“La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía” L.v. Beethoven
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