La alegría es una de las emociones básicas del ser humano; un sentimiento grato y activo que ayuda a transitar la existencia con más ligereza. Es un estado de ánimo que normalmente lo revela el rostro, el lenguaje verbal o corporal, las decisiones, las acciones.
Pero, a mucha gente se le pasan los días en la espera de grandes sucesos para permitir alegrarse, o su propensión es ver la vida desde una perspectiva dramáticamente infeliz y pesarosa, o considera impropio catalogar las nimiedades como motivos para el buen humor.
Es ausencia de una clara conciencia en el individuo creer que precisa de hechos fuera de la cotidianidad, que le desaten el júbilo o la vitalidad. Eso evidencia una falta de reflexión sobre los argumentos que, como ser espiritual y humano, tiene para sentirse alegre. “El mundo está lleno de pequeñas alegrías; el arte consiste en saber distinguirlas”, asegura Li-Tai-Po.
Diversas causas pueden generar alegría, como cuando cesa el padecimiento de una fuerte tensión, por un problema considerado de difícil solución o por un intenso dolor; la originan también las expresiones afectivas, la autoestima, la comunicación o la presencia de un ser querido, un aumento salarial, concluir con éxito unos estudios o un proyecto empresarial.
Similar al entusiasmo, la alegría es un ingrediente de salud y en los logros, y percibirla no depende de tener cosas. Comprender la existencia como la vía de crecimiento, actuar con coherencia entre lo que se piensa y se hace, procurar tener una mente y un cuerpo sanos, reconocer la valía de su condición humana y apreciar los propios talentos sin compararse con nadie, centrarse en la gratitud y en el positivismo y actuar con humildad, son sólo algunas fuentes permanentes de legítima alegría
Dado que la alegría es tan habitual como el pesimismo, más vale prestar atención a todo lo positivo de nuestra vida, contar las bendiciones, y enfocarnos en agradecer cuanto tenemos. Anthony De Mello lo advierte así: “Sólo hay una razón por la que no experimentas alegría en este momento, y es que estás pensando, o te estás concentrando, en lo que no tienes…”. La alegría muestra un modo de mirar el mundo desde el plano de lo que en verdad se tiene y de lo que está bien.
Hay que potenciar las situaciones que resulten agradables para incrementar así el estado de ánimo, estimular la producción de endorfinas y liberarlas. Uno de los primeros pasos es aprender a disfrutar de las gratas vivencias aunque sean sencillas.
Entonces, permítase alegrarse con las afortunadas nimiedades de su vida. Apréstese a expandir alegría, hable de las suyas y compártalas con quienes ama y confía, disfrute quien usted es, no se sienta intimidado por las posesiones y poder de alguien y alégrese de la alegría de los otros. Además, recuerde que por muy pequeña que sea su alegría, ésta le rejuvenece.
Para finalizar esta reflexión, recurrimos a Mario Benedetti reproduciendo fragmentos de su hermoso poema a través del cual recomienda...
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
Defender la alegría como un principio…
Defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
Defender la alegría como un destino… como una certeza… como un derecho…
¡Bendiciones!
Pero, a mucha gente se le pasan los días en la espera de grandes sucesos para permitir alegrarse, o su propensión es ver la vida desde una perspectiva dramáticamente infeliz y pesarosa, o considera impropio catalogar las nimiedades como motivos para el buen humor.
Es ausencia de una clara conciencia en el individuo creer que precisa de hechos fuera de la cotidianidad, que le desaten el júbilo o la vitalidad. Eso evidencia una falta de reflexión sobre los argumentos que, como ser espiritual y humano, tiene para sentirse alegre. “El mundo está lleno de pequeñas alegrías; el arte consiste en saber distinguirlas”, asegura Li-Tai-Po.
Diversas causas pueden generar alegría, como cuando cesa el padecimiento de una fuerte tensión, por un problema considerado de difícil solución o por un intenso dolor; la originan también las expresiones afectivas, la autoestima, la comunicación o la presencia de un ser querido, un aumento salarial, concluir con éxito unos estudios o un proyecto empresarial.
Similar al entusiasmo, la alegría es un ingrediente de salud y en los logros, y percibirla no depende de tener cosas. Comprender la existencia como la vía de crecimiento, actuar con coherencia entre lo que se piensa y se hace, procurar tener una mente y un cuerpo sanos, reconocer la valía de su condición humana y apreciar los propios talentos sin compararse con nadie, centrarse en la gratitud y en el positivismo y actuar con humildad, son sólo algunas fuentes permanentes de legítima alegría
Dado que la alegría es tan habitual como el pesimismo, más vale prestar atención a todo lo positivo de nuestra vida, contar las bendiciones, y enfocarnos en agradecer cuanto tenemos. Anthony De Mello lo advierte así: “Sólo hay una razón por la que no experimentas alegría en este momento, y es que estás pensando, o te estás concentrando, en lo que no tienes…”. La alegría muestra un modo de mirar el mundo desde el plano de lo que en verdad se tiene y de lo que está bien.
Hay que potenciar las situaciones que resulten agradables para incrementar así el estado de ánimo, estimular la producción de endorfinas y liberarlas. Uno de los primeros pasos es aprender a disfrutar de las gratas vivencias aunque sean sencillas.
Entonces, permítase alegrarse con las afortunadas nimiedades de su vida. Apréstese a expandir alegría, hable de las suyas y compártalas con quienes ama y confía, disfrute quien usted es, no se sienta intimidado por las posesiones y poder de alguien y alégrese de la alegría de los otros. Además, recuerde que por muy pequeña que sea su alegría, ésta le rejuvenece.
Para finalizar esta reflexión, recurrimos a Mario Benedetti reproduciendo fragmentos de su hermoso poema a través del cual recomienda...
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
Defender la alegría como un principio…
Defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
Defender la alegría como un destino… como una certeza… como un derecho…
¡Bendiciones!
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