Antropólogos y sociólogos han desarrollado distintas teorías respecto a la evolución de las estructuras familiares y sus funciones. Aun así, la familia continua siendo considerada la unidad básica de organización social en la mayor parte de las sociedades modernas, aunque, evidentemente, ha variado en ciertos aspectos tradicionales.
Para definir la “familia” se han estimado los componentes sanguíneo, cultural, de carácter religioso y de índole civil, estableciéndose diferentes modalidades de ella. Nuclear, extensa, monoparental o adoptiva ejemplifican algunos de sus modelos.
Habitualmente el proyecto de pareja incluye la fundación de una familia, teniendo ésta la característica de ser el grupo humano que más predominio ejerce en el proceso de crecimiento del individuo, afectándolo positiva o negativamente y es quien, además, tiene la mayor responsabilidad en su bienestar primario.
Es cierto que en las diferentes etapas de la vida humana con frecuencia se reflejan secuelas de daños ocasionados en el ámbito familiar provenientes del maltrato físico, psicológico o moral o una mezcla de los tres; ausencia de uno de los progenitores; carencia afectiva y de comunicación; falta de apoyo, comprensión y estímulos; como también motivados por celos, si se manifiesta preferencia hacia uno de los integrantes, o generados por otras causas.
Sin embargo, en una familia, aun sea medianamente funcional, la contribución entre sus miembros puede ser amplia; el aprendizaje y el beneficio pueden ser recíprocos; sólo es necesario que todos/as estén conscientes de que la misma representa la primera escuela donde se imparten y se comparten lecciones fundamentales sobre el comportamiento y la interrelación humana.
La relación familiar puede enriquecer la vida de sus participantes por medio de la reflexión, el ejemplo, las buenas costumbres, la adopción de principios, valores y prácticas morales, el desarrollo de las potenciales espirituales y humanas.
Frente a cualquier avatar la familia puede aunarse y robustecerse en la experiencia; puede resultar ser un antídoto natural para las inquietudes internas y las presiones externas y constituirse en la Polaris por antonomasia porque en ella se debe ofrecer amor, guía, fortaleza, solidaridad, conciencia de unidad.
Al mencionado agrupo también le es provechoso compartir ideas referentes a temas sociales, religiosos, sexuales, políticos; disponer de tiempo juntos para vivir momentos de sano esparcimiento en el hogar, disfrutando la naturaleza o en cualquier centro de recreación; sin olvidar brindar servicio comunitario involucrándose así en el reino de la tolerancia, la generosidad y la compasión con otros.
En una dinámica familiar constructiva y gratificante para todos, la comunicación y la confianza tienen una función altamente relevante porque contribuyen a reforzar y fomentar los lazos afectivos, la armonía y la paz; igual que ejercitar las afirmaciones positivas y/o la oración en la forma que se escoja.
Cuando las personas edifican una familia con un concepto incluyente en base al vínculo espiritual y el reconocimiento de la condición humana, y cultivan las redes familiares, favorecen una cosmovisión acerca de la dirección de algunos en la concepción de hacer realidad una familia extendida, global, planetaria. Tal actitud ratifica la convicción del Mahatma Gandhi al decir: “Para una persona no violenta, todo el mundo es su familia”.
Hay que sustituir la sola “imagen” de familiaridad para establecer una verdadera familia que sea beneficiosa para sus participantes y para la sociedad. Ese es el logro que ningún otro éxito superará.
¡Bendiciones!
“El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”. Juan Pablo II
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