jueves, 15 de octubre de 2009

Inteligencia

Psicólogos, científicos, neurólogos y otros especialistas en el tema de la Inteligencia realizan investigaciones respecto a los factores que involucran tan preciado don en el ser humano. Y aunque no hay concertación en las distintas teorías que sustentan, nos ofrecen datos sobre la estructura fisiológica del cerebro y sus funciones, el coeficiente de inteligencia, las conceptualizaciones y las diferentes acepciones de inteligencia, la forma en que ésta crece y se desarrolla, su carácter genético, los aspectos sociales, prácticos y demás.

Entre las diversas hipótesis sobre este asunto, como ilustración mencionamos la “Teoría Triáquica de la Inteligencia” (Analítica, Creativa y Práctica), la “Teoría de Las Inteligencias Múltiples” (Lingüística, Lógico-matemática, Espacial, Corporal-cinestésica o kinestésica, Musical, Interpersonal, Intrapersonal, Naturalista), la “Inteligencia Relacional y la Inteligencia Condicional” y la “Inteligencia Emocional”. Otras se refieren a las inteligencias: Competitiva, Financiera, de Negocios, y ciertos sexólogos/as hablan también de la Inteligencia Sexual.

Lo antes visto deja claro que se puede acceder a una cantidad significativa de información respecto a la inteligencia y sus vertientes y saber que, aunque casi siempre desarrolla sólo algunas de ellas, el ser humano podría tener todo ese potencial.

Sin recurrir a análisis especializados, comúnmente la gente define una “persona inteligente” en mayor o menor grado, asociándola al conocimiento, al éxito, a la autoridad y/o a las pertenencias materiales de esta.

Pero nuestra reflexión está basada en la actitud del ser humano respecto al uso que le da a su inteligencia; a la posibilidad de transformación que tiene si la utiliza de modo adecuado porque, infortunadamente, tanto la historia de la humanidad como la vida diaria nos muestran ejemplos de inteligencias preclaras empleadas para innumerables despropósitos.

Documentos y cotidianidad nos revelan de parte de quiénes el pasado o el presente cuentan con un despliegue de inteligencia puesta a disposición de la crueldad y el engaño; de quiénes cuenta con actitudes de agresión, de corrupción, de dominio, de abuso, de segregación, de intimidación; de quiénes fueron o son los diseños de “inteligentes” estrategias de inhumanidad e inmoralidad que aún nos mantienen en estado de absoluta perplejidad.

Entonces, de lo primero que debemos estar conscientes es que la inteligencia es mucho más que conocimiento, habilidad y fuerza. La función principal de la inteligencia humana es regir la conducta hacia un fin de bien para sí mismo y para los otros.

La manera en que un individuo se comporta en la sociedad manejando su inteligencia constituye una cuestión existencial vital.

Y es atinado tener presente que fundamentalmente se necesita sabiduría para disponer del conocimiento, capitalizar las fortalezas y orientar la inteligencia hacia buenas metas que logren incidir en las transformaciones positivas; para desarrollar el humanismo y para resistir las tentaciones del ego y de la ambición desmedida del poder y del aprovechamiento individual que resta legitimación a cualquier acción y preconiza el rechazo.

El devenir de la existencia humana también ha demostrado que la inteligencia no tiene la virtud de la taumaturgia, que por sí sola no ha sido suficiente para construir unidad y armonía e influenciar el entorno hacia causas de bien común.

Por tanto, representa un vigoroso cambio en los resultados de aplicación de la inteligencia comprender la importancia que tiene cuidar la finalidad en la utilización de esta facultad.

¡Bendiciones!

“Una de las funciones de la inteligencia es tener en cuenta los peligros de fiarse sólo de la inteligencia”. L. Mumford

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