Todo acto humano activa, utiliza, transmite energía porque la mente, los sentimientos y el cuerpo son cauces de ella, y de su adecuada aplicación depende la armonía individual. Por esa razón, es un relevante reto personal suspender la proclividad a contaminar la energía y dirigirla de un modo no beneficioso ni para el propio ser ni para los otros.
Se precisa entender el cómo opera la energía para evitar malgastarla, empleándola de forma improductiva tratando de lograr lo que se quiere con determinados métodos. El método más trillado es usar la energía “en contra” de los inconvenientes desde una posición particular o grupal. Veamos algunos ejemplos.
Quejarse “en contra” del control excesivo de la madre, del inaccesible temperamento del marido, o de las opiniones de los hijos. Indignarse “en contra” de las exigencias del empleador, de la necesidad de adulación, de la perjudicial permisividad al ciudadano o de la impunidad de múltiples delitos.
También, se suele protestar “en contra” del desempleo, de la carestía, del incorrecto manejo de la economía, de la violencia, de la corrupción, de la represión, de la crisis, y “en contra” de muchas cuestiones más.
Si se le concede predominio a las energías maleadas de enojo, venganza, represalia, pesimismo, indisposición, resentimiento o prejuicio éstas bloquean el alcance de la aspiración; porque la energía en esta condición no provoca transmutación.
Aquí, el punto de reflexión es, que para facilitar el objetivo debe aprenderse a gestionar la energía “a favor” del bien que se trata de lograr, ya que toda energía pura es sinónimo de poder creativo y transformador. Los evidentes resultados de un eficiente ejercicio de la Meditación, apoyan esta noción.
Para usar la energía “a favor” hay que invertir la forma en el pensar, en el sentir y en el actuar. Esto puede hacerse por medio del diálogo, de la concienciación, del pensamiento positivo, de la formulación de propuestas de soluciones; e igualmente, con la construcción de alternativas de situaciones y potenciando energía en concentraciones colectivas a favor de lo que se propugna. O sea, “a favor”: del cumplimiento de las leyes, del incremento de fuentes laborales, del acatamiento de las normas morales, de la libertad, y de todo lo demás.
Una conocida respuesta de la Madre Teresa de Calcuta refleja su comprensión de este tema. Al ser invitada a participar en una marcha en contra de la guerra, ella contestó: “Avíseme cuando organicen una a favor de la paz”.
Otra manera sencilla de entender este asunto es, observando la diferencia de lo que se obtiene cuando a alguien se le reclama por su conducta inapropiada solamente recalcándosela, o señalándosela pero al mismo tiempo resaltándole sus actitudes favorables.
Permanentemente el ser humano activa, utiliza y libera energía afectando todo lo que hace; entonces, debe aprender a emplearla para servir al fin, no para nutrir la dificultad; debe direccionar la energía pura “a favor” del bien anhelado, para así atraer el cambio deseado.
Además, usted sabe, y nosotros también, que en cualquier ocasión “es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad”. ¿Verdad?
¡Bendiciones!
“Si uno se concentra en el bien, el mal cede”, Swami Devanand.
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