miércoles, 26 de agosto de 2009

Lo correcto

Porque hay más de un punto de vista acerca de cómo determinar “lo correcto”, esta reflexión se centrará en el enfoque que entendemos que concita un apoyo casi general.

Un mismo hecho puede ser considerado por unos correcto, y por otros no.

Muchos respaldan sus acciones imputando los controles laxos, el mal sistémico, el sentido de oportunidad; comparando lo que hacen con lo “malo” que otro hace o aplicando las frases: es la costumbre, no está prohibido, es una práctica común.

Algunos actúan en función de la coyuntura: no se pudo hacer distinto, tenía que cumplir las órdenes, me dejé llevar por la emoción, la situación me obligó a hacerlo.

Mientras, otros entienden que lo correcto es lo que está avalado por la ley, la moral, la ética, la normativa, lo aprendido.

Entonces, ¿cómo saber qué es realmente lo correcto?

Las sabias enseñanzas milenarias nos han provisto claridad respecto al recurso que el ser humano tiene para la actuación correcta. Ese recurso es la Conciencia, con la cual se nace, día a día se expande y es la que de manera silente, irrefutable, indica la dirección de lo correcto.

Asiduamente se cree que el individuo ignora qué es lo correcto, pero evidentemente no es así. Desde la niñez, él sabe lo que es correcto, sabe manifestar esa conducta; no obstante, opta por las excusas y los argumentos intentando acallar lo que le dicta su conciencia y vive forcejeando con tal dictado porque no hay nada más difícil que no hacer lo correcto.

No hacer lo correcto significa asumir una carga que se ha de llevar hasta el último aliento porque es un comportamiento contrario a la naturaleza de bien del propio ser. Basta con contemplar ciertas despedidas de vida.

Cuando una persona realiza lo correcto no hace la diferencia; es la diferencia, afirma el Dalai Lama. Un ejemplo de este tipo de proceder, conocido y documentado, es el de Oskar Schindler. Su conciencia lo llevó a sobrepasar la discriminación religiosa, racial y de nacionalidad, desafiando peligros que ya han sido reiteradamente difundidos por los medios de comunicación.

Lo correcto es aquello que no causa inquietud, dolor, culpabilidad; no pone a la defensiva, no conduce a la mentira, al engaño ni mantiene en pánico; no posibilita que se impugnen las razones ni necesita de una validación constante; no hace perder el centro de la historia particular, ni colisiona con la serenidad interna ni con la integridad.

La gente resuelta a obrar conscientemente también debe evitar a los obsecuentes, porque muchas veces buena parte de sus elecciones las efectúa escudándose en opiniones de ellos.

“De un ser humano, observa su manera de actuar y las razones que lo mueven. Observa, además, qué le hace sentirse bien. De este modo lo conocerás”; es el consejo de Confucio.

Esto denota que lo correcto no se basa en pontificar sobre virtudes, principios, valores, espiritualidad, humanidad y todo lo demás, o ser nombrado maestro, sabio o santo.

Sencillamente, quien hace lo correcto se es fiel a sí mismo, y sus decisiones le producen satisfacción porque están en consonancia con los preceptos de su conciencia.

Para evaluar cualquier acción sólo tiene que cerciorarse de cuál es la dirección que lleva y lo que siente con ella.

¡Bendiciones!

“Nunca hay que pactar con el error, aun cuando aparezca sostenido por textos sagrados. M. Gandhi

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