Yo, y “los otros”. Es una expresión que revela la inconexión que muchos creen tener con los demás seres humanos quienes, de manera simultnea, realizan también su recorrido evolutivo aunque la experiencia del vivir para cada uno tenga un marco de referencia y un ritmo distintos.
Sin embargo, resulta que más allá de las individualidades de referencia y ritmo en sus vivencias, los otros tratan con sus laberintos mentales, con las encrucijadas de algunas condiciones, con sus complejas necesidades emocionales y con la construcción de sus caminos personales.
De los otros, múltiples sufren por sus conductas agresivas, el miedo les doblega, se deprimen por el rechazo, no valorar la amistad, se repliegan por cobardía, reprimen sus sentimientos, comprometen su honestidad, son adictos a la hipocresía.
Una significativa parte de los otros cumple su día a día enfrentándose al violento, manteniendo el entusiasmo, disfrutando lo poco o mucho que tiene, creando sus fantasías, enmendando sus errores, sorteando obstáculos, procurándose oportunidades de crecimiento, superando la aflicción y suplicando milagros.
Un sinnúmero de los otros se esfuerza por sus hijos, se afana por la mujer o por el marido, se resiste a perder la alegría, no se quiebra por la pérdida, ni se deja intimidar por el arrogante ni por el intrigante.
También, millones de los otros exaltan la paz, demuestran la bondad, perdonan a quienes les lastiman, son luz en la senda de muchos de nosotros.
En escenarios ordinarios o sofisticados, cercanos o distantes, de abundancia o de pobreza, de optimismo o desesperanza, solos o acompañados, conscientes o inconscientes, con aceptación o resistencia, con debilidades y fortalezas, con apego o desapego, entre amores y desprecios, en un inevitable paralelismo de vida silente o manifiesto existen los otros.
Pero, ¿tales circunstancias y vivencias son exclusivas de los otros? ¿Cuántas de las referidas situaciones que viven los otros también acontecen en nuestras vidas?
Entonces, ¿cómo justificar una actitud altanera y excluyente con los otros cuando nadie está exento de tener experiencias similares aunque sea en diferentes momentos y niveles de sus vidas? ¿Qué harán cuándo necesiten de la comprensión y la ayuda de los otros en cualquiera eventualidad, o cuando precisen de la alianza con los otros para lograr sus mejores propósitos?
Parece que falta entender la importancia de una vida incluyente. Falta acercarse más a los otros, porque el mundo, ineludiblemente, está conformado por: Nosotros.
¿Es tan difícil percibirlo así?
Unidos por el eterno vínculo del Espíritu, las otras vidas humanas, con sus palpitantes cadencias, guardan innegables similitudes a la suya y a la nuestra; ninguna fórmula permite eludir los aspectos vinculantes y parecidos en los pensamientos, en los sentimientos, en las cotidianidades.
Aceptar tal verdad facilita el propio sentido de realización y abre espacios para aproximarnos más a los otros e identificarnos con ellos, con quienes de manera privilegiada conformamos el maravilloso grupo humano que bien llamamos: Nosotros.
¡Bendiciones!
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