miércoles, 15 de junio de 2011

Sensatez

El apresurado ritmo elegido por los seres humanos para “vivir” la era moderna está dejando poco espacio para ejercer la sensatez y sus sinónimos: prudencia, moderación, cautela, cordura, mesura, juicio… …

En una sucinta revisión de los actos diarios del individuo, es fácil observar la frecuente falta de reflexión ya sea en lo que piensa, en lo que siente, en lo que dice o en lo que hace.

La opción por los vicios y por la corrupción, la desmesurada pretensión de satisfacer la apariencia social, el exagerado consumismo, la desenfrenada inclinación por el individualismo, la prioridad por la futilidad, la tendencia alarmante de hablar sin cordura, son solo algunos de los aspectos de una vida imprudentemente construida.

Y para tratar de justificar determinadas actuaciones insensatas, hay quienes hasta utilizan un silogismo. Sin embargo, la lógica les falla porque las premisas se basan en creencias erradas. La ausencia de un razonamiento prudente se puede traducir en trampa para sí mismo y puede conducir a una acción temeraria que fácilmente coloca al individuo en una posición precaria.

Cuando se excluye el juicio se incrementa el riesgo al fracaso, a las lamentaciones y al drama. La actitud imprudente puede estropear la ruta para desarrollar cualquier proyecto, porque los actos insensatos suelen ser inútiles y debilitantes.

Tamizar los pensamientos y ponderar las fronteras de riesgos ayuda a establecer una mayor aproximación a los mejores resultados porque, en ocasiones, ni siquiera la experiencia cuenta, sino la prudencia.

Es cierto que para desarrollar la vida en algunos momentos una cuota de audacia razonable es un factor positivo para avanzar al lugar desconocido que nos lleva el crecimiento. Empero, si la generalidad de las determinaciones se avala en la constante temeridad, no deberá sorprender entonces que sean habituales los resultados desfavorables.

“Pero, si bien se piensa, no hay otro camino sino el de la virtud y la prudencia, porque no hay más buena ni mala suerte que la prudencia o la imprudencia”, asevera Baltasar Gracián.

Anatematizar las consecuencias de las insensateces o responsabilizar a otros por ellas, no las remedia ni evita el estrés extremo que pueden causar.

Ni la modernidad califica la insensatez como virtud. En la vida, hay que tener moderación para vivirla. Se precisa del equilibrio, de prestar atención y de reflexionar. En una persona que obra de tal modo se valoran más sus decisiones y sus opiniones.

La sensatez fortalece la agudeza y la creatividad y posibilita los logros con menores contingencias.

Ponderación, cordura, precaución, reflexión, en fin sensatez para vivir; son sorprendentes los beneficios que produce en nuestra existencia.

¡Bendiciones!

“El hombre juicioso y observador […] es Argos al atender y un lince al entender. Sonda atento los fondos más profundos, cauto registra los senos del disimulo más poblado y mide juicioso los ensanches de toda capacidad. […] Todo lo descubre, advierte, alcanza y comprende, definiendo cada cosa por su esencia”.
De “El arte de la prudencia”.

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