La preocupación es un estado mental-emocional experimentado prácticamente por la generalidad de los seres humanos. Y es tan habitual, que muchos consideran desvergonzada la actitud de quienes de manera frecuente no muestran preocupación por algo.
Desde luego, esta reflexión no trata de subestimar la preocupación en el sentido de prestar atención a una dificultad, sino de exponer cómo algunas posiciones preocupantes causan deterioro al bienestar humano particular, y de compartir un manejo apropiado de los inconvenientes para evitar las preocupaciones.
Es cierto que en ocasiones se presentan determinados eventos que sorprenden y alteran significativamente la cotidianidad del individuo, y que para resolverlos se requiere de más interés y energía. Sin embargo, aunque la tendencia es pensar que toda preocupación está asociada a un problema o se deriva de él, no siempre es así.
Al examinar conscientemente las preocupaciones de alguien, el resultado puede evidenciar que en innumerables casos estas provienen de los supuestos mentales de la persona, de motivos irrelevantes o de nimiedades.
Para muchos la definición de “problemas” es muy amplia. Todo lo problematizan, y tal actitud les puede afectar más que la dificultad misma. También, se paralizan por las preocupaciones, tienen una equivocada propensión a perder el contacto con el presente y proyectar el desasosiego al futuro, sus especulaciones les cambian la perspectiva y los sumergen en largas y desgastantes indecisiones.
Asimismo, cuestionan el porqué de la inmerecida desdicha, se ahogan de rabia, sucumben a la depresión, abandonan la serenidad por sus conjeturas; tergiversando el asunto dan a otros una carga injusta para que les rescaten, sus pensamientos negativos se convierten en una incontrolable tautología mental y hasta son capaces de provocarse una taquicardia por la ansiedad.
El modo de lidiar con los inconvenientes hace una diferencia en las consecuencias que producen en el ser. El inadecuado manejo de las emociones y de los pensamientos permea cada uno de los aspectos de la vida, y las reacciones pueden exceder el natural estado de malestar que originan las situaciones dificultosas.
Con las preocupaciones se desperdicia energía y tiempo. Se precisa madurez para permitirse cualquier condición de ánimo sin dañarse el bienestar personal.
Frente a una contrariedad lo primero es mantener la calma para no obstruir la verdad del suceso y para no perder objetividad. Un talante sereno facilita ver con mayor claridad las alternativas y optar por la mejor opción. La preocupación, en ningún caso es un recurso de solución.
Luego del análisis de la situación, corresponde separarse de él y actuar. Sin importar la dimensión de la inconveniencia, la fuerza interior, la reflexión consciente, la actitud ecuánime y la solidaridad de alguien sumarán posibilidades para superar la coyuntura problemática.
Cuando se ha hecho lo que se puede hacer, hay que dejar entonces que se manifieste el curso que tomarán los acontecimientos. El Maestro lo entiende como una paradoja de la vida: “Solo puedo hacerme cargo cuando dejo de hacerme cargo”.
Recurrir a la ataraxia frente a la dificultad evitará el debilitamiento que esta puede causar. Y, por supuesto, la flexibilidad y la creatividad también continúan siendo muy buenas habilidades para despejar las preocupaciones. ¡Compruébelo!
¡Bendiciones!
“Si tu problema tiene solución, ¿por qué te preocupas?
Si tu problema no tiene solución… ¿por qué te preocupas?”
Máxima tibetana
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