martes, 20 de septiembre de 2011

Ternura

“Es bueno empezar la jornada diaria con una dosis de ternura que perfume las acciones de todo el día hasta la noche”, asegura André Maurois. Sin embargo, la ternura suele interpretarse como una expresión de debilidad.

Muchos son los padres que condenan exteriorizar el afecto acompañado del contacto, porque erradamente entienden que este gesto hasta influye en el desarrollo de una tendencia homosexual en sus hijos. Pero nada más lejos de la verdad.

Una madre y un padre tierno, como progenitores y como primeros educadores, con tal actitud le dan al hijo un claro mensaje de confianza, respeto y aprecio y le enseñan a recibir y dar ternura sin que afecte su preferencia sexual.

Lo contrario a esto les sucede a los hijos con padres y/o madres inexpresivos con el contacto, quienes apenas pueden reparar esta carencia y la reproducen en su relación de pareja y en la relación con sus propios hijos.

“La desaparición de la ternura es el rasgo más distintivo de las sociedades desarrolladas”, proclama Manuel Alcántara.

Cada día más una enorme cantidad de gente vive a la espera de un abrazo, un beso en la mejilla, un toque en la espalda, una caricia en la frente como demostración de la estima de otros por ellos. Por eso existen más mendigos de ternura que de pan.

Diversos son los estudios que respaldan la ternura como factor importante en el desarrollo de la vida humana por sus efectos psicológicos y físicos.

Incluso, algunas investigaciones sostienen que el cuerpo humano tiene una red neuronal, independiente de las neuronas del tacto, especializada en interpretar la carga emocional de una caricia; que un recién nacido es capaz de sentir el afecto de una caricia antes de darse cuenta de que alguien le está acariciando.

La ternura es un catalizador para las emociones positivas. Está presente en la solidaridad, en la justicia, en la fraternidad, en el compartir, en la generosidad, porque representa entrega y acogida. Por lo tanto, las caricias frívolas, sin espontaneidad, quedan fuera de la verdadera expresión de la ternura.

Además, razones sobran para Juan Rof Carballo afirmar que tanto la ternura como los mitos tienen un poder inmenso que permiten al ser humano sobrevivir a todos los dislates pedagógicos.

La combinación de afectividad y contacto que el individuo recibe desde la niñez le produce sentimientos de autoestima y seguridad y le abre a la comunicación; los resultados de la ternura son útiles en el crecimiento personal y en las habilidades sociales.

Cuando la persona ha recibido ternura, de manera natural sus manifestaciones de terneza las concede más allá del entorno familiar, y esto le facilita mantener relaciones sanas y afectivamente fecundas.

Todo ser humano tiene el derecho de recibir ternura para fortalecer su psiquis y sus emociones.

Hay que dispensar ternura en la infancia, en la adolescencia y en la adultez. En la salud y en la enfermedad. En la alegría y en la aflicción. En el hogar, en el aula y en los demás espacio de la sociedad. Eso hará más consciente al individuo y le nutrirá su vocación humana

¡Aprenda a ser tierno!

¡Bendiciones!

“El ser humano no aprende a amar en virtud de una serie de instrucciones, sino en función de la ternura de que es objeto”. Montagu

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