En distintas épocas la generación del momento ha hecho comparaciones sobre el comportamiento de la misma con relación a la generación anterior. Sin embargo, la historia humana, oral o documentada, demuestra que la humanidad repite sus actuaciones.
Los estadios históricos se han delimitado a través del manejo del medio ambiente, el aprendizaje, el crecimiento de las capacidades, la socialización, los desplazamientos geográficos y la inventiva del ser humano construyendo herramientas para desarrollar la vida, entre otros aspectos.
Poco a poco el individuo fue asumiendo un rol protagónico en el Planeta ocupando espacios, expandiendo su conciencia y su pensamiento y aprovechándose de los recursos de la Naturaleza. Empero, las variables que destacan este período histórico es la escala de los múltiples hechos destructivos y los instrumentos y los métodos que emplea el individuo para efectuarlos.
Una parte de la humanidad hace posible que el grado de tales variables sea el punto de inflexión escalofriante que vive la población mundial. Seres humanos, con un desatinado proceder, han elevado la proporción de las consecuencias devastadoras dándole una dirección de peligrosa factura que afecta el diario vivir.
Como ejemplo, sirve lo siguiente.
La utilización de sofisticados artefactos de guerra para destrucción masiva, el enorme e irreparable daño causado a la naturaleza, el uso inadecuado de los diversos tipos de recursos provocando la escasez mundial de agua, de alimentos y de vivienda, el aumento de la ambición en el liderazgo de todas las instancias de poder y las intervenciones impuestas bajo indefendibles pretextos.
También, el descuido en la formación apropiada de los hijos, la corrupción que involucra a cualquier entidad de los distintos estamentos de la sociedad, el nivel alarmante de la agresión en los ámbitos de pareja y familiar, cierta visión sesgada de la ciencia, el consumo de drogas controladas o no y las negociaciones de estas que engendran enfermedad, enajenación y violencia,
Además, nada tiene de religioso la continuidad globalizada de acciones injustas, abusivas, fanáticas, belicosas, hostiles, invocando a Dios para tales fines.
Es verdad que todas las épocas registran eventos infortunados, pero la escala de lo que un grupo humano está ocasionando en la actual, hace pensar que la intención de este es destrozarlo todo; una escala destructiva que no precisa de oráculo para predecir los resultados que tendrá.
La medida de los acontecimientos dañinos que ocasiona el ser humano a su especie y a su hábitat, debe de estremecer la conciencia humana y suscitar un aluvión de firmes actuaciones, de lo personal a lo general, para contrarrestar y detener la progresión de estos sucesos.
La raza humana tiene el deber de fortalecer un proceso de cambios profundos que incluya el crecimiento de su conciencia y el desarrollo de sus capacidades a favor de la colectividad.
El poder, la inteligencia y los recursos deben reorientarse hacia caminos que jamás justifiquen la destrucción en ningún escenario personal, familiar o social. Esta disposición representa el desafío más importancia de la existencia humana.
Vale mantener presente la consideración hecha por Oskar Kokoschka al decir: “La sociedad moderna olvida que el mundo no es propiedad de una única generación”.
¡Bendiciones!
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