“Presumir […] es una enfermedad. Primero date cuenta de que estás enfermo; solo entonces podrás recobrar la salud”, sentencia Lao Tse.
Presumir es una “enfermedad” de estadísticas altas. Esta actitud denota el empeño del individuo de querer aparentar lo que considera que los otros quieren ver en él.
Destacar por la imagen, por el estatus, por el renombre, por el saber…Enajenamiento por las quimeras de valía y merecimiento establecidas por los criterios y las convenciones sociales que asfixian la naturalidad y la libertad del individuo.
Hablar de los títulos, de la posición, de la posesión, de la reputación o mencionando nombres o lugares buscando aprobación por asociación. Ofrecer información que puede ser real o inventada, pero que es utilizada por la persona presumida buscando seguridad y admiración.
Otras de las actitudes del presuntuoso suele ser alardear de una agenda tan ocupada para justificar la falta de calidez y descortesía con los que entiende que no le aportarán nada a sus propósitos de sobresalir o a su interés de lisonja.
Sirve reflexionar, reflexionar y volver a reflexionar sobre las palabras de Don Juan, en El Arte de Soñar: “La mayoría de nuestra energía se va en sostener nuestra importancia. Si fuéramos capaces de perder un poco de esa importancia, dos cosas extraordinarias nos sucederían. Una, liberaríamos nuestra energía de tratar de mantener la idea ilusoria de nuestra grandeza; y dos, nos daríamos suficiente energía para captar un destello de la actual grandeza del Universo”
Hay que deshacerse de estas falsas ilusiones, de los símbolos de la artificiosidad. Cuando el ser humano descubre su verdadero ser, las pretensiones de presumir desaparecen. Entonces comienza a mostrarse una parte maravillosa de su extraordinaria creación; lo sencillo y natural.
Si el propósito es ser mejores personas, hay que mantenerse alerta para no sucumbir al protagonismo, a las posiciones, a la nombradía; renunciar al ego y despojarse de la máscara, porque la petulancia es fuente de mentira y también deviene en vulnerabilidad.
Se precisa humildad para lograr un sano crecimiento humano y unas relaciones humanas positivas. Como bien dice el amigo de todos, Freddy Ginebra G: “…Para irme con una sonrisa en el alma y nunca creerme nada. Soy una simple excusa para la fiesta”.
Al desarrollar la conciencia respecto a la inutilidad de la artificiosidad, la persona inicia una etapa de aprecio de sí misma, y sus entregas de afectos y servicio reciben una respuesta prístina de respeto y de aceptación, sin llegar a la adulación.
La permanencia en la vinculación se cimenta interactuando a través del verdadero ser.
¡Bendiciones!
”Qué pequeña eres brizna de hierba. Sí, pero tengo toda la Tierra a mis pies”. Tagore
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario