martes, 17 de mayo de 2011

Ángeles

A nuestros ángeles, con gratitud.

Ángeles. Imágenes de culto desde tiempo inmemorable. Símbolos de divinidad, de protección, de iluminación, de suministro, de bondad. Figuras vinculadas a la fantasía y a la religiosidad.

Pero, observando a través de la realidad del bien, las cualidades de tales simbolismos también son distintivos de los seres humanos quienes, con sus maniobras casi siempre sorpresivas, favorecen el flujo de la energía del amor.

Tenemos ángeles terrenales que acuden a otros para pacificarles el corazón, para mostrarles soluciones a inconvenientes, para salvarlos de intrigas, para desmantelarles la ira, para protegerlos de la crueldad, para alentarles la esperanza, para advertirles de tentaciones nocivas.

A diario, vemos a esos ángeles suministrando alimentos a los que tienen carestía, contribuyendo a saldar alguna cuenta médica para salvar una vida, pagando los estudios a un necesitado, brindando techo a desvalidos, proporcionando medios e instrumentos productivos.

Los ángeles perceptibles también concretan milagros, reparan relaciones con sus intervenciones, asisten con cargas sentimentales, acompañan en crisis existenciales.

Este tipo de ángeles, además, comparte las alegrías, el abrazo y la compañía, festeja por los triunfos de otros, enseña que el perdón es fuente de armonía y paz, ayuda a catalizar una profunda transformación y señala el sendero de la compasión.

Igualmente, existen los ángeles como los que apoyan a Polaris, los que con sus colaboraciones posibilitan la concreción de las ediciones o se involucran en la búsqueda para obtener los patrocinios o con la distribución de los libros, facilitan que lleguen a los demás las reflexiones que ofrecemos.

Con sus diferentes rostros, palabras, gestos, actuaciones la multitud humana angelical conduce a otros a un lugar seguro ya sea de manera emocional, mental o material, desvelando muchos de los beneficios inesperados que obsequia la Vida, y demostrando que el bien es lo que sobrepasa la imaginación y lo que solemos vivir como realidad.

Por lo tanto, dado que cualquier ser humano es ejecutor y receptor de actos de bien, es indudable que la humanidad evidencia cotidianamente una sucesión de eventos angelicales manifestados por sus amorosos e incondicionales ángeles terrenales.

¡Bendiciones!

“Todos podemos transformarnos en ángeles para acompañar a alguien cuando llegan los días tristes o los de celebrar”. Anónimo.

No hay comentarios: