Mentiras, mentiras, mentiras…
¿Por qué nos encontramos con tantas mentiras?
Veamos. La mentira procede, entre otras razones, del enojo, del miedo, de la desesperación, de la manipulación, de no desear asumir una responsabilidad, de creer que si se dice la verdad, no se puede conseguir lo que se quiere.
En ningún espacio social está ausente la mentira. Y está presente en sucesos históricos, religiosos, educativos, políticos, científicos, deportivos.
Unas veces al ser humano se le enseña a mentir desde niño a través de expresiones como estas: “dile que no estoy aquí”, para no responder una llamada telefónica; “te trajo la cigüeña” para hablarle de su nacimiento; “no digas tu edad real”, si el infante tiene una estatura corporal pequeña.
También, se alecciona a mentir para “evitar un problema” con el papá, con la mamá, con el amigo, con el vecino o en la escuela. Luego, ya adulta, la persona tiende a hacer práctica incontenible de tan deplorable conducta.
Otras veces, el individuo utiliza la mentira por las diversas disfunciones que se permite vivir, y el ejercicio de esta lo incorpora en el universo de sus relaciones humanas.
Mentir se ha convertido en una enfermedad social. Ahora existen hasta portales electrónicos que recogen las mentiras de los eventos mundiales y de dirigentes. Incluso, se conforman clanes donde cada uno oculta las mentiras de los otros.
La mentira generalmente tiene una carga de dolor, de sobresalto, de culpabilidad, de angustia que depara el tener que lidiar con los hechos que esta puede desencadenar; como también el tener que acomodar las actuaciones personales a la escena que fue preparada para el embuste.
Como elemento perturbador, la mentira afecta la salud completa del individuo llegando muchas veces a provocarle neurosis. También debilita la confianza, el respeto y la propia estima. Engendra sufrimientos, conflictos, enemistad, venganzas personales, grupales y colectivas.
“Cada mentira, cada injusticia, cada culpa repercuten en cierto órgano y modifican su actividad. Hay vicios y pasiones que alteran todas las células, comunicándoles una vibración anormal”, afirma Constancio C. Vigil.
En todos los ámbitos humanos son demasiadas las personas que han sido perjudicadas por mentiras que por años le han enredado sus vidas.
Aunque se haya ido lejos con la mentira, siempre es tiempo para aclarar el tema; es preferible hablarlo directamente, así habrá de ser a favor de ambas partes el desenlace liberador.
Por supuesto, salvo que la mentira no esté vinculada a la sobrevivencia del individuo, se requiere de integridad para no servirse de ella; al final la verdad es como la luz, siempre encuentra un intersticio para salir.
¡Bendiciones!
“La verdad puede ser dulce o amarga, pero no mala. La mentira puede ser dulce o amarga, pero no buena”. C. C. Vigil
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