martes, 23 de febrero de 2010

La mediática

Desde la inventiva de los códigos verbales -orales y escritos-, el alfabeto, el papel y la tecnología, cada día los medios de comunicación alcanzan un punto más desarrollado y de uso globalizado, presente en cualquier lugar y en la mayoría de las actividades humanas. Una impresionante evolución que ahora llega a mezclar texto, sonido e imagen; tiempos de satélites, fibra óptica e inalámbricos que erigen una sociedad totalmente mediatizada.

Más allá del crecimiento económico y financiero del sistema mediático, es ostensible el dominio que en diversas vertientes éste ejerce en el individuo.

Los medios abundan: periódicos, revistas, cine, radio, televisión, teléfono, computador, internet y otros. Todos ellos contribuyendo de distintas maneras a crear personas socialmente conectadas e informadas, públicamente participativas y activas como consumidoras. Empero, en el manejo de los mismos se constata la paradoja de lo benéfico o perjudicial que puede ser el modo de emplearlos.

Lo dañino de la mediática está en el uso y el abuso contra la moral y la ética que muchos hacen de ella, porque pernicioso servicio se brinda con el sensacionalismo utilizando la violencia, el asesinato, los accidentes, las violaciones, los delitos y los asaltos, algunas veces matizando las reseñas con sutil discriminación.

Como también, cuando se usa para desovar semillas de morbosidad, hostilidad, difamación, chismografía, ridiculización, suposición, vulgaridad. Igual con el énfasis en lo banal, la difusión de la mentira clara o intrincada, la sexualidad distorsionada o reproduciendo o creando escándalos.

Otros, desinforman, sacan conclusiones aceleradas, descargan resentimiento particular o grupal, hacen aseveraciones arriesgadas de informaciones no confirmadas y se consideran propietarios de verdades absolutas para juzgar y victimizar.

De tales estilos de comunicación, en los medios se hace día a día una lamentable tautología sin sentido presuntamente apoyados en el libre albedrío y la libertad de expresión.

En fin, el sistema mediático tiene influencia para cambiar costumbres, principios y la moral personal y social; modelar comportamientos, respaldar futilidades, recrear ambiciones y transformar una significativa masa poblacional en estultos, autómatas e inconsecuentes.

Sin embargo, la mediática puede y debe desempeñar una función vital como divulgadora del conocimiento, de los valores positivos, de la importancia del desarrollo personal y de las relaciones humanas, facilitando la correcta información educativa, académica, literaria, científica, tecnológica.

Los comunicadores, pueden y deben ejercer su vocación comunicacional asumiendo una actitud responsable en el desempeño de su labor; exponiendo ideas, pensamientos y hechos con sentido humano, objetivo y respetuoso; privilegiando la información productiva, reflexiva, de alternativas de soluciones, de iniciativas que originen beneficios comunes.

En su rol de intermediación entre el Estado, la sociedad y los/as ciudadano/as, los medios pueden y deben ser canales efectivos en la expansión de la conciencia constitucional, institucional y social. Ofrecer un servicio que refleje su compromiso con la verdad y la ética y ser partícipes estelares en la construcción de una sociedad orientada hacia una mejor calidad de vida colectiva.

Afortunadamente, aunque esa tendencia escasea, con ciertos comunicadores y medios se cuenta con ella.

Por supuesto, debe quedar entendida la corresponsabilidad del receptor en los controles laxos, la valoración de los contenidos, la consideración del impacto particular y familiar del sistema mediático, para evitar que esta maravillosa invención humana continúe un derrotero destructor para su propio creador.

¡Bendiciones!

“La verdad y la solidaridad son dos elementos claves que permiten a los profesionales de los medios de comunicación convertirse en promotores de la paz”. Juan Pablo II

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