lunes, 15 de febrero de 2010

Éxito y fracaso (y 2)

El éxito y el fracaso tienen varios elementos a considerar. Ambas experiencias son factores de desarrollo existencial. De uno y de otro puede aprenderse, incrementarse el conocimiento y las habilidades o decidirse incorporar nuevos ingredientes al proceso para conseguir lo deseado o para mejorar lo logrado dado que, como afirma Henry Ford: “No hay nadie en el mundo que no sea capaz de hacer más de lo que cree que puede hacer”.

Hay que aprender a gobernar los distintos niveles y dimensiones de la propia vida. El éxito es un adecuado equilibrio entre lo interior y lo exterior; sin armonía no se usa correctamente la energía y está ausente el completo goce cuando lo alcanzado es en un sólo plano, porque no se vive en compartimentos estancos. Es mejor aspirar triunfos que impliquen los diferentes capítulos del existir.

Respecto al fracaso, también científicos e investigadores entienden este como valioso para adelantar en lo pretendido; lo aprendido en él representa ventaja en otra oportunidad para empezar. Por eso, la búsqueda debe efectuarse sin apego a los resultados descartando las absurdas calificaciones de “perdedores y ganadores”, ya que algo de las dos cada quien experimenta.

Es preferible que las metas personales se fundamenten en aspectos esenciales del vivir. Elabore una ruta crítica identificando los componentes a desarrollar y alcanzar. Incluya cultivar su potencial espiritual y humano, confiar en sí mismo, paz mental, estabilidad emocional y psicológica, pensamientos positivos, salud física, entusiasmo por la vida, salidas creativas, aficiones y sus relaciones interpersonales -la familia, la pareja, los amigos- y dedíqueles el tiempo y la atención que merecen.

Asimismo, determine sus proyectos a realizar para crear riqueza material, y contemple sus canales de participación y responsabilidad social.

Consciente de sus potencialidades y de sus capacidades desarrolladas, adecúe sus metas en función de esto para que le resulten alcanzables, y suba la escalera por peldaño; cada logro es importante sin que signifique que ceda en mejorarlo día a día. Practique la disciplina y expanda continuamente su nivel de habilidad. También, aprecie el punto de vista de otros ponderando los alcances.

Cuando no obtenga lo esperado o sea menor de lo que se propuso no anatematice, ni dramatice, ni se frustre por eso; aproveche la vivencia, analice lo ocurrido, procure orientación y prepárese a retomar el objetivo. Evite considerar que su condición humana ha de ser evaluada por lo que consiga, y continúe el tránsito.

Si se involucra en algún fin grupal, institucional o comunitario y se malogran los propósitos, no se desaliente o sucumba por la impotencia de no poder en solitario resolver la situación. Igual persevere; en cualquier caso lo que sucede siempre es didáctico.

También mantenga presente que, en ocasiones, con sus experiencias usted puede ayudar a alguien a superar frustraciones y a alentarle hacia la meta.

Agradezca a quien o a quienes les acompañen en el camino para coronar con éxito sus aspiraciones y, ¡por Dios! alégrese también de los triunfos de los otros.

Al reconocer su verdadero valor como ser espiritual y humano, aunque tenga que dar pasos inciertos usted pierde el temor a los fracasos y aprende de ellos ; puede estar en posición de asumir sin obstinación sus retos de bien y de disfrutar a plenitud de la buena fortuna. Así se beneficia usted y la sociedad.

¡Bendiciones!

“Existe un poder que iluminará tu sendero y te brindará salud, felicidad, paz y éxito, si tan sólo recurres a su divina luz. Toma conciencia de que el poder que te capacita para pensar, hablar y actuar proviene de Dios, y que se encuentra contigo siempre, guiándote e inspirándote. Tan pronto como percibas esta verdad, un destello de iluminación penetrará en tu ser y el temor te abandonará. En ocasiones, el poder de Dios irrumpe en la conciencia cual un océano de vastas mareas que arrasan con todos los obstáculos”. P. Yogananda

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