miércoles, 10 de febrero de 2010

Éxito y fracaso (1)

El proverbio hindú: “No hay árbol que el viento no haya sacudido" es análogo al éxito y al fracaso en los seres humanos porque todos en alguna instancia de sus vidas, de una forma o de otra, tienen estas dos experiencias.

Desde la infancia, en el ambiente familiar y posteriormente en la escuela, la persona comienza a relacionarse con los conceptos éxito y fracaso. Se le enseña que debe obtener “posiciones y posesiones” y ser una persona exitosa, no un fracasado/a.

Generalmente, el énfasis en tener que alcanzar el éxito estimulando la competitividad y manipulando con la comparación, en mucho se debe al estigma que le asigna la sociedad al “fracasado”. Ésta le confiere un rechazo que desde temprana edad afecta negativamente al individuo, y le induce a construirse un mecanismo de defensa que le dificulta reconocer sus fallas y sus particulares limitaciones humanas para realizar ciertas tareas o conseguir un fin en determinado momento de su vida.

Un alto porcentaje de la gente tiende a tener de referentes triunfadores a quienes sólo ganan dinero y mejoran su condición social, le impresiona la clase de éxito que por tales razones privilegia destacarse como una “personalidad importante“ y, por supuesto, es el tipo de triunfo que con fruición promueve el sistema mediático. Entonces, comúnmente, a través de ese modelo es que estos entienden la acepción del éxito.

Esos son los individuos que se empeñan en la consecución y promoción del éxito desde el enfoque que distorsiona la verdadera dimensión del logro, cuando lo cierto es que muchos de los denominados exitosos han fracasado en aspectos esenciales de sus vidas; son los que tienen “todo en exhibición y nada o poco en el inventario”.

“… la mayoría de nuestra energía se va en sostener nuestra importancia. Si fuéramos capaces de perder un poco de esa importancia, dos cosas extraordinarias nos sucederían. Una, liberaríamos nuestra energía de tratar de mantener la idea ilusoria de nuestra grandeza; y dos, nos daríamos suficiente energía para… captar un destello de la actual grandeza del universo”, apunta El Arte de Soñar, de Carlos Castañeda.

Como respuesta a la visión limitada sobre el éxito, vasto también es el grupo humano que frente a un resultado adverso en cualquier espacio de su existir -académico, profesional, laboral, social, deportivo, afectivo- se le desploma la autoestima, le provoca depresión, le quita el entusiasmo.

Otros, el tiempo lo malgastan procurando o denotando el fracaso de alguien para poder resaltar las propias victorias; le dedican atención a una sola faceta de sus vidas provocándose desarmonía y conflictos; o las fallas las experimentan como si fuesen su destino y son incapaces de ver más allá en el camino.

Escasos son quienes asumen sus frustraciones con conciencia, inteligencia y dignidad, aprovechando la experiencia del fracaso para revisar cuáles fueron de éste los motivos, aprendiendo lo que necesitan para mejorar sus conocimientos y habilidades, reestructurando sus metas y/o desarrollando nuevas aptitudes para conseguir sus objetivos.

Ahora bien, relevante en esta reflexión es establecer con claridad qué significa para usted el éxito y el fracaso, qué pretende alcanzar y cómo maneja el resultado de sus acciones porque, dependiendo de lo que busca y cómo es su búsqueda, las consecuencias pudiesen no serle del todo gratas. “Tanto no obtener lo que deseamos, como obtener lo que deseamos pueden ser experiencias decepcionantes”, refiere la filosofía budista.

Continuará…

¡Bendiciones!

Sólo el hombre de acabada virtud es capaz de no sufrir daño tanto si tiene éxito como si fracasa”. Zhuang Zi

No hay comentarios: