A usted y a cada ser humano, hermano y hermana en la unidad del Espíritu, le deseamos que este año 2010 transite el camino con inalterable fe, con esperanza y con alegría, permitiéndose y agradeciendo la expresión plena del Poder Supremo que yace en su interior. ¡Que así sea!
En alguna etapa de su vida, el ser humano se cuestiona sobre ciertos aspectos concernientes a su existencia. El qué y para qué, el porqué, el cuándo, el cómo, el dónde y hacia dónde, inician las frases inquietantes procurando las respuestas más deseadas y las que, indefectiblemente, le son menos conocidas.
Es una búsqueda que, por desconocimiento, confusión o error, el individuo casi siempre dirige hacia el exterior o hacia la lógica, hasta que la no obtención de respuestas satisfactorias le agota las razones para hacerlo. Y, por supuesto, en ese proceso de cuestionamientos a muchos se les termina la supervivencia, y otros, se conforman con un intermitente espejismo de dicha y tranquilidad.
Por fortuna, día a día más personas van percibiendo que la fuente de la Vida yace en su interior. Ya sea nombrado Santuario, Cielo, Nirvana, Reino o Paraíso la búsqueda consciente lo devela con deslumbrante facilidad, tanto en el silencio como en las acciones que involucra la cotidianidad.
Entender que el reino de Dios está en uno mismo como aseguró el Maestro Jesús, es lo que hace posible conocer las respuestas y construirse un bienestar fundamentado en la conciencia de Su presencia. Ese es el estar-bien que permite experimentar las características paradisíacas de los episodios de vida diaria.
Para encontrar el Cielo hay que hacer frente a la realidad, reflexionar respecto al concepto o no concepto sobre Dios, dejar de considerar Su presencia distante de nuestro propio ser porque no existe tal lejanía. Eso implica, abandonar la idea de separación y los esfuerzos de buscar el Poder Supremo fuera de sí mismo, porque esta indagación es una travesía sin distancia.
Cuando se da paso a la vacuidad, se vivencia el Nirvana en el sentido que admite la unión con el Uno absoluto, que muestra la naturaleza profunda y la falta de individualidad, que revela el conocimiento de “quién soy”. Entonces, se abre el espacio mental del ente humano y de manera natural sus actos devienen en entregas de identidad, de solidaridad y de bondad que ayudan a transformar el mundo.
Y, aunque posiblemente esta sea una noción de Dios por algunos considerada “difícil, incluso peligrosa, es saludable y necesaria”, dice Carlos G. Vallés, además…"no funcionarán las hogueras”. Así que, decida descubrir que su Santuario interior es pleno, disponible para sustituir las carencias que le originen las condiciones de su exterior.
Esta reflexión, hace apropiado concluirla compartiendo la infinitud que encierra el saludo de la milenaria palabra en sanscrito “Namasté”. Sintetiza el reconocimiento de la presencia de Dios en nosotros y en los otros, y la reverencia que debemos mostrar hacia el Paraíso interno de los demás, al señalar:
“Yo honro el lugar dentro de ti, donde el Universo entero reside.
Yo honro el lugar dentro de ti, de Amor y de Luz, de Verdad y de Paz.
Yo honro el lugar dentro de ti, donde, cuando tú estás en ese punto tuyo
y yo estoy en ese punto mío,
somos sólo Uno”
¡Bendiciones!
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