Habitamos un mundo que gratuitamente nos brinda los elementos indispensables para vivir: aire, agua, suelo, alimento. Un inmenso tesoro humano, animal, vegetal y mineral.
Las variaciones del tema de la vida están dadas en los valles, la vegetación, los ríos, las montañas, los océanos, los campos; con riqueza, belleza y profundidad en una diversidad alucinante, hermosa, pródiga e increíble; puntuales soportes de nuestra existencia convertidos en blanco de una cantidad absurda de perjuicio humano, que ahora no es tan fácil de arreglar y muestran consecuencias en ciertas dimensiones aún ignoradas.
Por inconsciencia o indiferencia se le inflige severos daños al Planeta.
Revelada tal situación, en las últimas décadas, a nivel mundial de manera grupal o global, se han estado realizando acciones encaminadas a aumentar el conocimiento sobre los sistemas naturales, a mejorar el uso de esos recursos y a reparar el deterioro ocasionado por la especie humana a la Tierra.
Tratando de conseguir el consenso y la cooperación general para la ejecución de los proyectos referentes al Medio Ambiente y Desarrollo que involucran las materias de la biodiversidad, la desertificación, la deforestación, el cambio climático y el desarrollo sostenible entre otras, se efectúan cónclaves, seminarios, cumbres, convenios.
Además, se hace publicidad masiva de información documentada especializada sobre resultados de la investigación y el desarrollo científicos y los datos comparativos, destinados a expandir la concienciación respecto al cuidado de la Tierra.
Esas son loables iniciativas que para cualquier nación representa tareas de una proporción similar al daño que produce la indolencia de su población, infiriendo que se quiere acatar las directrices para posibilitar el “derecho a un medio ambiente sano y a la necesidad de protección de las especies y su hábitat”.
Sin embargo, como en cualquier otra cuestión social, también para lograr el mejoramiento de la Tierra es imprescindible que el individuo comprenda el detrimento que engendran sus actitudes y prácticas personales insensibles e insensatas; porque, incluso, todavía muchos persisten en incrementar una existencia irreflexiva y de excesos.
El ser humano tiene el imperativo de cesar los actos que acarrean un efecto destructor de la creación natural y de su propia creación artificial; es la opción que le puede salvaguardar los aspectos vitales para su vida y su bienestar. Debe, pues, asumir juiciosamente la responsabilidad de sanar, preservar y administrar correctamente el patrimonio que recibe del Planeta.
La gente debe darle la debida importancia que tiene la decisión particular de desempeñar un rol catalizador y polinizador, desde una perspectiva de contribución que ayude a poner a la sociedad en una sola dirección para enmendar y curar la Madre Tierra.
Continuará…
¡Bendiciones!
“Heal the World, make it a better place, for you and for me and the entire human race” (Cura el mundo, hazlo un mejor lugar, por ti y por mi y por toda la raza humana)
M. Jackson
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