“Cuando no se tiene dinero, siempre se piensa en él. Cuando se tiene dinero, sólo se piensa en él”. Esta aseveración de Jean P. Getty refleja el poder que se le ha asignado al dinero.
La raza humana tiene casi 3000 años utilizando el dinero en moneda para efectuar las transacciones económicas, posibilitando así una forma más fácil para el intercambio de bienes y servicios.
Innegablemente que tener dinero es muy bueno y la acción del intercambio contiene el principio universal del Dar y del Recibir.
Ahora bien, nuestra reflexión no es respecto al dinero en sí, sino sobre las distintas actitudes de los individuos para obtenerlo, al tenerlo o al perderlo. Sobre la manera como actúa en cada una de esas ocasiones. O sea, lo que la gente hace por el dinero.
El dinero no perjudica. Lo único que puede ser execrable son ciertas formas de conseguir el dinero y la utilidad que se le da al mismo. Sabemos que el impulso adquisitivo siempre ha sido un factor motivador de la conducta humana, pero ahora la diferencia es la prioridad que se le ha dado a la riqueza material, la influencia decisiva del dinero en casi todos los aspectos de la vida diaria.
Para algunos, hacerse con una inmensa fortuna les ha requerido gran esfuerzo y dedicación, a otros una disciplina administrativa y cuidadosa inversión, y hay a quienes la riqueza les ha llegado impuesta por herencia.
Sin embargo, muchas personas y grupos sociales eligen como vías de obtención de dinero las decisiones inmorales comprometiendo la ética y la integridad. Luego, temprano o tarde en el tiempo casi siempre ese camino les conduce a posiciones donde sólo les queda exhibir una farsa de laboriosidad envuelta en un espejismo de abundancia. Tal tipo de situación revela la observación del Talmud al decir: “Cuando un ladrón ya no encuentra ocasión de robar, se cree un hombre honrado”.
Igualmente, es deplorable emplear el dinero para satisfacer ambiciones desmedidas, proporcionarse excesos, sentirse superior por tenerlo, fomentar la avaricia, apelar a la mentira, exacerbar el egoísmo, incitar o recurrir al crimen. Incluso muchos creen que cuando se tiene prosperidad ésta debe mantenerse aunque las circunstancias cambien. Su satisfacción personal la miden en el tamaño de su cuenta corriente o en su posición social.
Tampoco favorece a las personas preferir ocupar tiempo en ganar más dinero en vez de destinarlo al crecimiento personal, al compartir con la familia -hijos- pareja-, al descanso y a la sana recreación.
Por el desconocimiento que el ser humano tiene sobre su propia esencia, todavía le resulta difícil definir conscientemente las fuentes de su bienestar. Entonces, creer que la esplendidez de la vida es el dinero es ignorar la fuerza espiritual y la verdadera perspectiva humana.
Muchos de los placeres de la vida ni se compran ni se venden. Por ejemplo: la meditación, la lectura, una relación familiar satisfactoria, la amistad, el gusto y el disfrute con el trabajo, la música, la naturaleza.
Igual lo son la autoestima, la honestidad, la paz, la autodeterminación, la confianza. Estos activos intangibles capitalizados a favor de uno mismo son los factores que más aportan a la sensación de bienestar.
El dinero puede contribuir con nuestra independencia material, y la vinculación adecuada con él significa en cierto modo tener equilibrio psíquico. Pero el dinero como tema social dominante traspasa la dimensión personal para convertirse en asunto de orden colectivo.
La familia, las instituciones y la sociedad global precisan de dirigentes y líderes que actúen con moralidad en todos los aspectos. Individuos en roles de padres-madres, hijos-hijas, empleadores-empleados, accionistas-clientes en su relación con el dinero, deben tener presente que el fin de éste es ayudar al bienestar.
Y resultará beneficioso para sí mismo y para los demás si cada quien procura que el dinero efectúe dicha función promoviendo la búsqueda de un propósito a través del servicio, elevando el nivel de desarrollo económico general y cumpliendo seriamente con la responsabilidad social de lograr que el mundo sea un mejor lugar para la colectividad humana.
¡Bendiciones!
“Los que creen que el dinero lo hace todo, suelen hacer cualquier cosa por el dinero”. Voltaire
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