Al abordar este tema no se ignora la diversidad de factores que definen las vivencias de la niñez. Tampoco la intención es entrar en disquisiciones teóricas sobre las repercusiones negativas que sufren los/as niños/as cuando el hogar es escenario de situaciones específicas.
El cuestionamiento al padre y a la madre en la crianza de su niño y de su niña no es a los errores que cometen, sino al no hacer nada para superarlos. Como también a la indiferencia a una educación amplia y profunda; la mayoría sólo se empeña en que el/la hijo/a adquiera el conocimiento que le garantice una destacada posición social.
Para tratar aspectos que implican una formación total del ser humano, nuestro interés es reflexionar juntos acerca de las recomendaciones de los estudiosos de la conducta humana respecto a este asunto, y la noción espiritual del rol de madre y de padre.
Cuando el/la bebé nace, la madre y el padre se convierten en sus primeros maestros para ayudarle a desplegar su potencial espiritual y humano; partiendo de la premisa de que a ellos les importa el pleno desarrollo de su niño/a, y quieren educarle para que sea libre, feliz y exitoso/a.
Ciertamente la formación del individuo por medio de los principios espirituales no es una visión convencional y podría parecer abstracta. Sin embargo, es la manera espontánea del comportamiento humano.
La crianza basada en tales principios es a través de la reflexión y la armonía interior, porque el poder es espiritual y es el fundamento de todas las realizaciones de la vida. Cualquier educación que provenga de la imposición, las reglas estrictas y los castigos físicos es rechazada. Sólo es posible aprender cuando no hay coacción.
Es conveniente considerar que las actitudes de padres y madres o tutores de alguna forma condicionan la futura conducta del párvulo/la, y cuando éste/a es constantemente perjudicado los capítulos que posteriormente vivirá pueden ser imprevisibles.
Generalmente se enseña a niños y a niñas a competir, a defenderse, a ambicionar, a ser obstinados, utilizando en muchos casos la comparación, lo cual les causa una conducta estresante, agresiva y les promueve la envidia, la frustración y el miedo.
Iguales consecuencias negativas en el/la infante tiene la sobreprotección, porque le acrecienta los rasgos de egoísmo, celos, y le limita en el ejercicio del dar que es un medio para mostrar sensibilidad y empatía con los demás. Asimismo, el exceso de atención y elogios a la apariencia puede distorsionarle el sentido de identidad humana, y el afecto exagerado dificultarle el equilibrado desarrollo emocional.
Pero sobre todo, a el/la niño/a le es pernicioso el maltrato físico y psicológico (golpes, violación, frases sentenciosas, amenazantes, peyorativas), porque le puede provocar infelicidad y una conducta antisocial.
El historial de experiencias personales del adulto no le impide efectuar eficazmente su papel de madre y padre de familia. Para lograrlo, el individuo debe enseñar a su hijo/a a consolidarse en el camino espiritual. Si desde niño/a capta esta enseñanza como forma de ver la vida y se le explica el cómo funciona ésta globalmente, él/ella enfrentará sus desafíos canalizando sus energías y manteniendo su armonía.
Apropiado es iniciar la experiencia existencial del ser humano desde un clima de confianza, sinceridad, aceptación y amor; brindándole caricias, protección, juego y atención. Este ambiente contribuirá a desarrollar sus inteligencias.
El amor no es un artículo de lujo. Su hijo/a debe saber que es amado/a, que usted se siente privilegiado/a por ser su madre o su padre. Y también debe saber que él/ella existe por una razón; así buscará el sentido de la vida de forma natural, sin aprehensión.
El niño y la niña valoran la presencia activa del padre y de la madre para crecer y vivir. Es decir, compartir con ellos las acciones cotidianas como jugar, leerles, acompañarlos a las actividades deportivas, escolares, culturales; y animarles a expandirse y a cultivar sus aptitudes para desarrollar su vocación innata; no la que usted elija para él o para ella.
Continuará...
¡Bendiciones!
“La educación de los hijos es una obra de arte y una ciencia”. G. Mateu
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