Con el análisis de la conducta humana ha quedado demostrado que el resentimiento registra sólo experiencias negativas al individuo, como también que está asociado al dolor y a la falta de autoestima.
En el devenir histórico de la humanidad, el resentimiento a llevado a dilatar los conflictos, a buscar venganza y a perpetuar la separación. En las personas, además, les provoca enfermedad.
Filosofías espirituales y religiones señalan la existencia del Espíritu como esencia y vínculo de toda la creación, y a ese espíritu la mayoría le nombra “Dios”. Por ser así, no habrá que debatir el enfoque de la siguiente reflexión.
Sin restar valor a las causas científicas del comportamiento humano determinadas por los conocedores, nuestro énfasis se coloca en el “desconocimiento de quiénes somos y qué nos une”, considerado la raíz de cualquier emoción dañina que se experimente, ya sea odio, envidia, miedo, resentimiento.
De las respuestas a esos dos cuestionamientos se desprenden importantes mensajes de los Maestros. No es posible conocer la presencia de Dios en el otro/a y al mismo tiempo resentir porque ese conocimiento y ese sentimiento se excluyen mutuamente. “El que dice que ama Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso”, es la sentencia en 1-Juan 4, 20.
De igual modo se debe reflexionar sobre el porqué un individuo lastima a su semejante con palabras, actos, interpretaciones u omisiones. Es cierto que muchas veces los agravios proceden de la soberbia, de la incomprensión, de la irritación, pero generalmente provienen de la inseguridad, de la confusión y fundamentalmente de la angustia.
¿Alguna vez ha pensado en lo que pudo estar sintiendo la persona en el momento de actuar de forma insensible con usted? ¿Ha olvidado que toda reacción calificada como hiriente se expresa por la incapacidad de manejar el pensar y el sentir? ¿Por qué prefiere permanecer atado/a al resentimiento y separado/a de quien, como usted, es un conducto del Poder Supremo? ¿Ha reflexionado sobre la elección que ha hecho?
Estar entrampado/a en el resentimiento significa vivir en una situación restrictiva y perjudicial para la salud de la mente, de las emociones y de el cuerpo físico. Lo relevante es su vinculación con el Espíritu de Dios que habita en el otro, y la ternura, la solidaridad, el abrazo que usted puede dar y recibir del ser humano a quien está rechazando.
Aunque crea que alguien actuó de manera equivocada con usted, muéstrele su compasión y ofrézcale una interacción apoyada en la empatía. Enseñe y aprenda. No se resista a tomar la iniciativa. “Quien enciende una luz, es el primero en iluminarse”, afirma el Maestro.
Tal vez haya que platicar y compartir el sentir de cada uno/a, pero habrá de hacerse desde la auténtica disposición de “perdonar y olvidar” porque es el remedio que sana del resentimiento, es la curación de los pensamientos, de los sentimientos y de las actitudes. El “perdón y el olvido” tienen la fuerza de trasmutar todo pesar a tranquilidad interna.
La inteligencia es para lograr la paz y vivir en paz con nosotros y con los demás. Si destina el terreno para sembrar discordia, enemistad, indeferencia, hostilidad, eso será lo que recogerá. “La siembra es espontánea, pero la cosecha es obligatoria“, advierte el Maestro.
El discurso utilizado para justificar el resentimiento queda invalidado con el conocimiento. Cuando reconocemos nuestra conexión en el Espíritu no nos ofendemos y no juzgamos. Nos libramos de toda influencia perniciosa ajena al estado de gracia que representa la armonía en nosotros y con los otro/s.
¡Es imperdible el goce que provoca liberar el resentimiento! ¡Compruébelo!
¡Bendiciones!
“Aprende a dejar ir las cosas. Esa es la clave de la felicidad”. Buda
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