A pesar de disponer de alta tecnología en distintos medios de comunicación, e incontables y variados lugares para conocer y compartir con otros (adicionales a las participaciones con familiares, compañeros de estudios o laborales y amigos ), muchos dicen sentirse solos.
Desde la perspectiva occidental, a una persona de determinada edad cronológica que no tenga pareja merece señalársele con ciertos epítetos para desacreditarla. Y hasta se le cuestionan los motivos de su soltería.
Un /a joven proclive a efectuar actividades solo /a, causa preocupación a mamá y papá.
Y, a quienes toman tiempo para reflexionar, se les cataloga de excéntricos.
Los condicionamientos sociales son tantos, que pocos pueden librarse de los estigmas.
Víctimas de los convencionalismos, aparecen las reacciones: sensación de fatalidad, temor al futuro, sentimiento de incapacidad para atraer, pensamientos confusos, posibles conflictos de identidad sexual o personalidad desarticulada, urgencias emocionales, trueque afectivo por acompañamiento, baja autoestima, necesidad de un especialista en relaciones o conducta.
Tal situación convierte a los individuos en una especie de arena movediza para construir o sostener cualquier vinculación sana con alguien. Por eso algunos de los intentos iniciales son salidas en falso. La información obtenida para tener compañía, fue insuficiente o inadecuada.
¡Claro! ¿Cómo pretender relacionarse bien con otros si no sabe estar consigo mismo?
En cualquier forma que se quiera interaccionar es ventajoso tener la pericia de estar solo y en soledad. No viendo televisión; sino viéndose y estando con sí mismo. Asociarlo a la carencia de familia, pareja o amigos, es desconocimiento. Usted puede permanecer rodeado de personas y sentirse así.
Piense en esto. Si la tradición fuese aprender primero cómo vivir momentos a solas, ¿a considerado cuánto mejorarían las relaciones humanas? No nos referimos a la misantropía. Nos referimos a lo siguiente.
Aunque estime poseer todo lo material que desee, podría experimentar dichos ánimos de manera negativa si su elección ha sido “tener”, personas o cosas, en vez de desarrollar las potencialidades de su ser.
Sin embargo, cuando un ser humano hace práctica consciente de los conceptos “estar solo y en soledad” ejecuta actos de introspección, reflexión, meditación, búsqueda y conocimiento de su yo. Se comunica con su espíritu o se concentra en las formulaciones mentales.
Los efectos de esa exploración íntima le facilitan una particular aptitud de entendimiento de los demás a partir del propio; y puede capitalizar sus dones haciendo más eficiente el trato con ellos.
A nadie que existe en comunidad le falta con quien relacionarse y recibir apoyo. A todo el que quiera regalarse soledad le sobra espacio para hacerlo. Cada uno tiene estas opciones. Ejercitarlas produce gozo. Porque son válidas, importantes, beneficiosas, saludables.
Es recomendable comenzar a desdramatizar este tipo de vivencias. Dejar de coleccionar amargura e irradiar apremio de compañía. Cerrar ciclos. Rehabilitarse. Crecer. Hacerse adulto emocionalmente. Darle significado a la vida sin dependencias; elaborando un diseño que incorpore nuevas acciones: estudiar, enseñar, escribir, aprender música, pintura, leer, hacer deporte, viajar, ofrecer servicio voluntario... ...
¡Aproveche sus diálogos internos!
Y, desde ya, solo/a o acompañado/a, disfrute con espontaneidad sus ríos de sueños.
Recuerde, ¡usted vivirá en el futuro, la consecuencia de su actitud en el presente!.
¡Bendiciones!
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