¿Ha pensado cómo sería el planeta tierra si sólo hubiesen montañas, o un solo tipo de flor, animal, árbol, mineral o vegetal? ¿O que nunca hubiesen noches, o que tuviésemos idéntico color de piel?
¿Ha imaginado cómo sería la humanidad si todos pensáramos y actuáramos de manera semejante?
En poder relacionarse superando la diversidad radica parte de los desafíos de la vida y una de las más importantes formas de evolucionar. Las diferencias son tantas, como los seres humanos existentes. Y, por supuesto, corresponden al aspecto de la personalidad.
Basta mencionar algunas como: el temperamento, los criterios de selección, los estados de humor, la estructuración del carácter, la expresión de los sentimientos, las expectativas, las necesidades, el modo de disfrutar, los propósitos de vida, la respuesta existencial, el establecimiento de prioridades, los niveles productivos, el sentido ético, los prejuicios, los conceptos, el acceso emocional.
Además se incluye: raza, etnia, género, edad, clase social. Y también están dadas en las preferencias de colores, sabores, tamaños, cantidades, hábitos. Igualmente, religiosas, políticas, sexuales, musicales, deportivas.
Así las cosas, muchos las aprovechan para execrar, levantar muros e invalidar la interrelación humana. Por eso prolifera la agresividad en las relaciones de pareja, familia, grupos sociales y las naciones. En un triste espectáculo de egos descontrolados.
Es absurdo no entender que la grandeza de la Creación es la diversidad, siendo esta una verdad incontrovertible.
El ser humano deberá reflexionar seria y objetivamente para aprender a focalizar la atención en las características positivas de su prójimo. En lo que le une a cada quien, no en lo que le separa. Que lo aparte del erróneo precedente discriminatorio y lo guíe a asumir una misión individual que contagie y actúe con efecto dominó para suprimir tal proceder.
Aprender a ver el elemento de estimulante complejidad de dicha índole, permitiéndose vivir experiencias enriquecedoras e imprescindibles dentro del proceso evolutivo.
El cosmos y la naturaleza siempre serán evidentes referencias de armoniosa coexistencia de las diferencias.
Que se promueva la tolerancia de las mismas es apreciable. Pero esto no se trata de tolerancia, sino de una elemental, consistente e insustituible actitud de aceptación.
¡Bendiciones!
“Ser diferentes no impide en lo absoluto concertar. Donde reside el obstáculo es en no aceptar que somos diferentes”
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