Los seres humanos gustan de los regalos. Pero hay ciertos regalos que tienen la particularidad de que sólo usted puede ofrecer y ofrecerse.
El perdón es uno de ellos.
Perdonar. Perdonarse. Pedir perdón.
Desafortunadamente esta ofrenda, igual que el Amor, también tiene la característica de ser una habilidad poco practicada. No vemos las acciones del otro como en realidad son: el reflejo de alguna disfunción emocional derivada del miedo, inseguridad, carencia afectiva, inflexibilidad o de muchas más.
En el momento que se siente dolor se busca un culpable. Es difícil aceptar que alguien actúe de tal o cual manera sin intención de lastimar. El escaso conocimiento sobre las motivaciones humanas induce a interpretar erróneamente la conducta.
Ignorar la razón oculta que impulsa a la persona a portarse así, nos hace sentir agraviados. Luego, viene el sufrimiento y a continuación nos permitimos experimentar resentimiento y odio hacia él /ella al considerar que nos produjo ese sentimiento.
Asimismo sucede con el disgusto por algo que hicimos y lo calificamos absurdo; no conseguimos exculparnos fácilmente. Porque no entendemos el por qué obramos de esa forma. O porque ese comportamiento evidencia una debilidad que se creía rebasada. O, sencillamente, porque estamos distantes de comprender la verdadera ruta de la perfección.
En ocasiones distintas, es el patético orgullo que impide pedir perdón. Se opta por justificar o repartir culpas y mantener una expresión dolorosamente anudada, en vez de utilizar la comunicación para admitir la equivocación de juicio o de actuación.
En cualquiera de los casos, se precisa de: perdonar, perdonarse o pedir perdón.
Si tan solo conociera un poco el mundo interior del otro, tal vez le sorprendería el malestar que siente quien usted estima que le lastimó. La severidad suya no cambiará el suceso. Tenga presente que, todos los días, hay quienes muestran tolerancia con usted. No use como arma punitiva el no conceder perdón.
También, sea indulgente consigo mismo /a. El remedio a su inconformidad le llegará con la oportunidad de hacerlo como desea haberlo hecho.
Igualmente, reconozca con humildad cuando toque la parte vulnerable del ser humano. Una respuesta conciliadora puede ahorrar pesar tanto a usted como a los demás.
El perdón es una importante fuente de energía en el desarrollo personal. Es una fuerza capaz de disolver el resentimiento y la amargura que obstruyen el crecimiento de la autoestima y producen enfermedades psicosomáticas.
Deje de diferir este acto noble y de vivir una situación restrictiva y tóxica. El primer motivo para perdonar es su conveniencia. “Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar”, sugiere el Dalai Lama.
Piense en esto. Su vida podría cesar en un segundo. Y usted se perdería la oportunidad de recibir el beneficio de transmutar esa aflicción. Siendo así, ¿qué espera?... ...
Inaugure un nuevo día. Tome la iniciativa. Perdone, perdónese y pida perdón. No importa cuán grande sea su dolor. Tenga la certeza de que lo que recibirá será favorablemente superior.
Comience la calistenia con reflexión y determinación. Sepulte la ira, el rencor, el dolor y la culpabilidad. El perdón tiene poder transformador. Es un sentimiento catártico, liberador, reconfortante.
La habilidad de perdonar, como toda habilidad, debe practicarse diariamente. Entonces, cuando se conozca mejor a sí mismo, podrá ver desde otra perspectiva la actitud de los demás hacia usted.
Si necesita ayuda para hacerlo, ¡búsquela! Le alegrará la recompensa.
¡Bendiciones!
“Nadie puede hacerte sentir mal, sin tu consentimiento”. Eleanor Roosevelt
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