Son proverbiales los conflictos entre madre, padre e hijo/a, cuando estos transitan por las edades de la adolescencia y la primera juventud.
En el desempeño de sus roles cada quien persigue obtener lo que desea; lo cual, generalmente, está ubicado en líneas paralelas.
Como a esta entrega anteceden las dirigidas a Madre y Padre, ofrecemos la presente a quienes recorren el trecho denominado “primera juventud”.
Se necesita un elemento que represente el anclaje en nuestras vidas. La mayoría de las veces este anclaje es la familia; la cual se formó con usted como hijo/a. La familia puede ser determinante como soporte para definir su personalidad y descubrir sus dones y capacidades.
Suspenda la práctica de tomar distancia cuando hay problemas; de cambiar sus reacciones por cualquier evento desfavorable. Utilizar la comunicación como herramienta, puede solucionar muchos inconvenientes.
¡Sorpresa! usted no tiene la madre y el padre perfectos. Es sano comprobar que el/ella no son increíbles en todo; como tampoco lo es usted. Aunque tienen sus reservas en mostrar sus fallas y develar sus debilidades porque experimentan inseguridades al tomar decisiones en el cumplimiento de sus roles, evite diagnosticarlos.
Supere hábitos de someterlos a pruebas constantes o considerar una victoria cuando los doblega. Demuestre el mismo respeto y afectividad que quiere recibir. En el proceso de madurez usted precisa, fundamentalmente, de madre y padre, no solamente de amigos/as.
Una cosa es imitar y otra cosa es escuchar. Cualquier opinión que le ofrezcan está avalada en sus experiencias y concebida con el interés de contribuir en el desarrollo suyo.
Acordar discrepar no significa creer que ya usted lo sabe todo; la relación es de dos vías. La edad cronológica, igualmente tener sexo, no necesariamente le hace adulto emocionalmente.
Cuando el hijo/a crece, la madre-padre comienzan a ser espectadores. Y, créalo, es difícil; hay peligros que son sutiles y el/ella siempre quieren protegerlo/a. En muchos aspectos los conocimientos suyos aún serán ingenuos
Tal vez usted se haya quejado sobre la disciplina y la dosificación de los límites que le habrán impuesto; sin embargo, lo que posiblemente todavía desconozca es que en todos los puertos hay reglas.
No opte por rodearse de obsecuentes, que solo le dicen lo que usted quiere oír; eso no le ayudará a crecer. Haga opción por quien le induzca a la reflexión.
Por muy dolorosa que haya sido su niñez o adolescencia, ya esos períodos terminaron. Por cuanto, no pierda tiempo buscando excusas para decidir y asumir su desarrollo espiritual y humano.
Si bien tiene libertad para pensar y sentir, deberá conquistar el don de la libertad para vivir en comunidad. ¡Tenga cuidado!, no trate de justificar acciones no evolutivas para usted, tratando de inocularlas con un: “Eso lo hacen todos”
Una actitud consciente y responsable será valiosa y beneficiosa para usted, su familia y la sociedad.
¡Bendiciones!
“Recuerda que cambiar de camino, seguir a quien te coloca en la dirección correcta, no significa perder libertad: cambiar es una acción tuya, que precisa tu impulso, tu decisión y también tu inteligencia”. Meditaciones de Marco Aurelio (VIII.16)
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