miércoles, 24 de octubre de 2007

El Amor (y 3)

La palabra Amor es utilizada, indiscriminadamente, como el nombre de Dios; para justificar cosas que se sienten, se dicen y se hacen en nombre del amor.

Confusamente se emplea para definir una necesidad que puede percibirse sutil o grande, fuerte, urgente, profunda; que si no es satisfecha podría conducir al sufrimiento, la soledad, la angustia, la desesperación, la infelicidad y, en ocasiones, hasta la muerte.

Un sentir que demanda de alguien que proporcione las insatisfacciones, lo irresuelto; oculto o descubierto. Fundamentado en una necesidad afectiva o de seguridad, apoyo, compañía, comunicación, reconocimiento, comprensión, dinero, amistad, sexo, atención, gratitud, cuidado, utilización, manipulación, éxito...

Un sentir que requiere que lo extrañen, lo usen, lo complazcan, lo seduzcan, lo rediman, lo soliciten, le supliquen, lo persigan, lo anhelen. Para ese fin, aprovecha: Familia, pareja, hijo/a, amigo/a, compañeros/as; y demás relaciones.

Separe las capas y devele su sentir. ¡Observe! Si lo que experimenta se expresa de cualquiera de estas formas, entonces, su verdadero nombre es: "Querer"; porque quiere recibir lo que cree necesitar.

Posiblemente sea difícil reconocer las consecuencias de tales padecimientos. Tal vez por eso cuando se busca llenar inexplicables vacíos existenciales el/la individuo/a se torna permeable a ciertas exposiciones del espíritu; auténticas ofrendas de bondad, generosidad, compasión, perdón, servicio.

Desafortunadamente el ser humano tiene una práctica muy pobre del amor; su aprendizaje se ha centrado en el “Querer”. Por lo tanto, debe ser consciente al usar el término Amor.

A diario se reafirma que la misión evolutiva de la raza humana reside en eliminar las necesidades. Permitir que la manifestación del espíritu sea la que comande las manifestaciones humanas.

Será preferible comenzar con reducir los apegos. Y como indica Walter Riso: “Desista de las 3c: Codependencias, conveniencias, compromisos”. O sea, optar por una sana manera de demostrar los afectos.

La expresión espiritual facilita gratificación interna y, por supuesto, nos acerca a la felicidad.

Con el Amor se puede superar el tránsito por terrenos de duda, dolor, miedo, pena, tristeza, soledad. Y disfrutar, con un nivel de conciencia expandida, este sentimiento único en sus características.

El Amor solamente espera la oportunidad que le permita la parte humana para declararse. El fluye. El ofrece. El Amor, simplemente, es.

Al concienciar y practicar esto, se desarrolla la capacidad de comprender una conocida y magistral proclamación, la cual señala:

“Nada más perfecto que el amor.
Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, y me faltara el amor, no seria más que bronce que resuena y campana que toca. Si yo tuviera el don de profecía, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo, pero no por amor, sino para recibir alabanzas, de nada me sirve.

El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.

El amor nunca pasará. Pasarán las profecías, callarán las lenguas y se perderá el conocimiento. Porque el conocimiento, igual que las profecías, no son acabadas. Y, cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá… ...
...
" 1- Corintios, 13


¡Bendiciones!

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