En términos de tiempo, hemos establecido la secuencia de los episodios que conforman nuestra vida en: pasado, presente, futuro -ayer, hoy, mañana -; lo acaecido, lo que está ocurriendo y lo que suponemos que sucederá, respectivamente.
Y tales tiempos tienen un significado profundo en la existencia humana.
Hay quienes se quedan atascados en las vivencias del pasado, enfocados en lo que tenían, lo que fue, lo que perdieron o lo que ganaron, lo que retornará, lo que no obtuvieron, lo que no hicieron, lo que permitieron. Extrañan, añoran, viven deseando “volver atrás” para continuar con la experiencia o para cambiarla.
Mientras, algunas personas centran todo su espacio mental en las imágenes futuristas. Absortas en las ilusiones, en lo que “vivirán mañana”.
Y a otra gente, el futuro les aterroriza; les causa espanto la ventana de lo desconocido. Le temen al olvido, a la soledad, a la incapacidad, a la vejez, a las pérdidas, a la economía; en fin a los nuevos días. Buscan certezas y hechos absolutamente predecibles.
Cuando se pretende vivir estancado en el ayer u obstinado en el mañana de la existencia, no dilatará en aparecer la depresión, el anquilosamiento, el pesimismo o el temor, la ansiedad, la tensión, la infelicidad.
Experimentar la vida de manera temática con el pasado o con el futuro, es una actitud errática.
Lo vivido y lo aprendido es benéfico en la misma proporción que permita avanzar a estamentos más evolutivos. No es que se ignore el pasado. Es absorber lo útil y continuar caminando, asumiendo los próximos retos. Recordando que: “El ser humano no puede descubrir nuevos océanos hasta que no tenga el valor de perder de vista la orilla”.
Como también es equivocado pasarse la vida haciendo comparaciones de eventos del presente, lo que es, con lo que quisiera que fuese, perdiendo la ocasión de utilizar el hoy.
Piense esto. Usted es responsable de su vida. Lo transcurrido está en el pasado y usted no lo puede modificar. El futuro aún no ha llegado y en el presente es que puede construir los medios de realización de los capítulos que quiere experimentar.
Pero, como no puede controlar los acontecimientos de toda una vida, cuide de su actitud y dedíquese a emplear los momentos que le brinda el “ahora” disfrutando con alegría lo que es. Centrarse en el ayer o en el mañana le impide dedicar su energía, su creatividad, su aptitud y su visión a lo que hoy espera por usted.
En una de sus acertadas tesis sobre la vida, Adriano M. Tejada dice que: “Las personas vivirán un promedio de sólo unos 25,000 días, entonces, ¡cada día es demasiado precioso para desperdiciarlo!”.
Recupere la destreza de funcionar en el presente. Suba la escalera por peldaño. Viva el aquí y el ahora. Diariamente, eleve la calidad de su vida con pensamientos alentadores, evolutivos, progresistas. Y actúe en consecuencia.
Día a día aproveche cada oportunidad, aun sea pequeña, que le permita desarrollar cualquiera de sus diferentes capacidades, algunas posiblemente todavía ocultas en sus potencialidades.
¡Bendiciones!
“No mires hacia atrás con ira -o nostalgia- ni hacia delante con miedo, sino a tu alrededor con atención”. J.Thurber
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