Según las estadísticas, un pequeño porcentaje de la población humana vive hasta la edad de 100 años; y el promedio de vida en los países desarrollados está entre los 70 y 80 años.
En consecuencia, es fácil colegir que en el “vehículo” denominado vida, el ser humano es un pasajero transitorio.
Entonces, siendo la existencia una corta estadía, ¿por qué se emplea tanto tiempo persiguiendo y conservando bienes materiales que solamente sirven de estorbo en el vivir?
Sin desestimar la posesión material, es apropiado preguntar: ¿Cuánto en su vida está demás?... ¿Para que lo tiene?... ¿Por qué lo retiene?... ¿Qué le proporciona?...
¿En qué le beneficia tener ropa, calzado, mobiliario, adornos, artefactos y otros artículos que usted no utiliza? ¿Qué función le desempeñan? ¿Acaso le aportan paz, inteligencia, sabiduría, virtud? ¿Hacia dónde se dirige usted con ese exceso de peso? ¿Usted cree que vino de viaje para comprar y convertir sus espacios en depósitos de mercancía? ¿Cuál es el sentido que tiene tal actuación?
La voz del Mahatma Gandhi nos alerta al decirnos:“El que retiene algo que no necesita es igual a un ladrón”.
Vivir con la austeridad de los Trapenses no es lo que alentamos. Nos referimos a adquirir y/o mantener “cosas” que usted no necesita.
El gasto y la dedicación a lo inútil sólo le servirá de tropiezo para realizar con calidad acciones convenientes como: cuidar la familia, satisfacer la demanda económica concreta, superar las presiones sociales, atender el hogar, incrementar su conocimiento, ocuparse de mejorar su humanidad.
No ceda a la tentación de malgastar el tiempo y el dinero en lo superfluo.
El expansivo estado de deterioro de los valores humanos corrobora en probar la ruta equivocada que es darle importancia a rodearse de objetos para presumir. Nada sustituye la integridad de disfrutar una vida con sencillez y dejar un legado de afecto, bondad y ética.
Libere sus espacios de lo que entorpece; hágalos más funcionales.
El ser humano tiene su tiempo, su energía y su misión de vida. No espere el final de sus días para desprenderse de la carga que representa la superfluidad, igual tendrá que soltarla cuando realice su transición, porque en el ataúd no se la incluirán; tenga la seguridad de que eso no sucederá.
Hay que aprovechar el viaje existencial desarrollando lo que trasciende. El tiempo de vida no tiene condición de perdurabilidad. Por tal razón, andar ligero de equipaje es el principio eficiente de la transitoriedad.
¡Bendiciones!
“Estoy de paso...las cosas materiales he aprendido a necesitarlas poco; y lo poco que necesito lo necesito muy poco”. F. de Asís
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