jueves, 7 de agosto de 2008

Virtudes y defectos

Las actuaciones de los seres pensantes son efecto de las características de su humanidad denominadas “Virtudes y Defectos”.

El camino de aprendizaje que el individuo realiza tiene como fin primordial desarrollar el potencial humano para lograr el mejoramiento de los pensamientos, los sentimientos y las acciones. Es decir, que en la vida todos somos estudiantes aprendiendo a ser mejores personas.

Por tal razón, resulta lamentable observar la actitud de alguien que no se corrige porque no reconoce sus faltas, sin embargo, con facilidad señala las carencias a otros.

Las palabras del Maestro Jesús nos simplifican la reflexión: “Por qué ves la pelusa en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decir a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú una viga en el tuyo? Hipócrita, sácate primero la viga que tienes en el ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano.” Mt.7-3, 4, 5

Hay personas que para resaltar los defectos de los demás lo hacen con crueldad deliberada utilizando un lenguaje agudo, críptico o directo. Quien recurre a dicha forma para indicar a otros sus fallas está evidenciando inseguridad o se siente amenazado /a y está a la defensiva o pretende minimizar o desviar la atención de los propios errores o quizá está expresando con sutileza su inaceptación a las diferencias. Estas personas son las que ven “el vaso medio vacío”, y del árbol de navidad sólo distinguen las “tres bombillas apagadas” entre las restantes cien que iluminan.

Igualmente, en la conducta de muchos protagonistas de las distintas instancias de la sociedad se revela la costumbre de subrayar las insuficiencias de la gente. Y los medios de comunicación son canales efectivos para reproducir comentarios y opiniones que eclipsan las bondades personales o de algún grupo organizado.

También es ineficaz descalificarse por las equivocaciones. Con relación a esto el Maestro dice que: “...El sabio no las padece porque las reconoce y las corrige”. Y respecto a este punto de reflexión Confucio manifiesta lo siguiente: “Ser incapaz de cultivar la virtud, o de profundizar en lo que he aprendido, (...) o de corregir mis defectos. Estas son las cosas por las que me preocupo.”

Conforme nos conocemos y desplegamos la potencialidad humana, albergamos mejores sentimientos hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Es lamentable que por inconciencia muchos sean proclives a recrearse destacando solamente las deficiencias de otros.

Las críticas sinceras y constructivas son significativas contribuciones que nos ayudan a analizar y mejorar nuestro proceder. Pero las críticas insensibles representan una agresión pasiva porque, en cualquier ocasión, la honestidad sin sensibilidad es hostilidad.

Todos los seres humanos tienen virtudes y defectos, por eso nadie puede establecer parámetros de perfección humana. El hombre y la mujer habrán de alcanzar esa perfección a través del proceso evolutivo de su humanidad.

Entonces, la decisión diligente deberá ser expandir la conciencia sobre el potencial de bien humano para cumplir el objetivo fundamental de la existencia: evolucionar.

¡Bendiciones!

“Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse”. Don Quijote, II,42



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