lunes, 14 de julio de 2008

El egoísmo

El aprecio a sí mismo es benéfico al desarrollo humano y es una respuesta de gratitud a la Creación.

Lo único a tener en cuenta es que la línea divisoria entre la valoración espiritual y humana y el egoísmo, esté evidenciada, ya que éste, por supuesto, no conduce a una autoestima saludable.

“Liberar el egoísmo” resume la misión personal de cada uno de nosotros. Ese sentimiento es terreno fértil para cultivar deseos, apegos, soberbia, abuso, culto a la personalidad. La parte insana del individuo; y más cuando no se aprende a manejarlo.

Las patéticas reacciones del ego descontrolado y arrasador fácilmente llegan a manifestarse con categoría búdica sobre todo lo que encuentre en su curso de colisión. No respeta condición de semejanza, lazos afectivos, ni intereses colectivos.

Quien no sabe gobernar tal emoción despliega una conducta separatista que le provoca sufrimiento y soledad. Vive tratando de capturar la atención y cree que el otro debe estar en constante disposición de acariciarle el ego; porque si no recibe lo que quiere se siente maltratado.

Prepara o demanda un escenario de vida pensado por una persona insegura que necesita satisfacer su necesidad de público, aplausos, palabras laudatorias, retribuciones.

Sus soliloquios suelen ser desde la posición defensiva: “No puedo hacer nada al respecto. Estoy ocupado /a. Eso no es asunto mío. Por qué habría de hacerlo. No tengo tiempo”. Se muestra remiso a ofrecer ayuda, prefiere diferirla; y si lo hace, generalmente es con una actitud espuria.

Dicho comportamiento no le facilita la reflexión ni contribuye a su mejoramiento.

“Dios, libérame de mi mismo para poder complacerte”, decía Miguel Angel.

Permanentemente debemos velar las expresiones del ego. Buscar el equilibrio. Comenzar sustituyendo esos monólogos por unos que reflejen la subordinación de la personalidad a nuestra espiritualidad.

El individuo no puede recorrer el camino pretendiendo ser reverenciado por su careta. Deberá develar el verdadero rostro como ventana de su esencia.

Nacimos para ejercitarnos en la práctica del Dar y Recibir. No en el egoísmo.

Es cierto que usted es un ser único y merecedor, pero recuerde que todos los demás también lo son.

¡Bendiciones!

“De un hombre ( o mujer), observa su manera de actuar y las razones que lo mueven. Observa además qué le hace sentirse bien. De este modo lo conocerás”. Confucio


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