Fuerte y débil. Luz y oscuridad. Blanco y negro. Blando y duro. Negativo y positivo. Norte y sur. Lógica e intuición. Pensamiento y sentimiento. Actividad y descanso. Madre y padre. Cielo y tierra.
De la cultura oriental la conocemos por el concepto del Yin y el Yang, en la polaridad entre los elementos femenino y masculino existente en todas las áreas de la vida.
Son dos fuerzas universales con el mismo nivel de poder.
Respecto a este tema, entre el hombre y la mujer la discusión es recurrente. Cada uno, desde su posición reclama, crítica y descalifica. Esgrimen argumentos equívocos y engañosos para convencer de su “superioridad”.
El debate lo abarca todo: intuir, pensar y sentir. Inteligencia, vigor físico, capacidad para asumir responsabilidades familiares y domésticas, oportunidades de desarrollo académico, profesional y laboral, rol social y sexual y una larga lista de etcéteras.
¡Qué pérdida de tiempo!
Por ejemplo: suele interpretarse la “blandura” como “debilidad” femenina olvidando que también puede significar flexibilidad, apertura de mente y cuerpo. Como muestra, deténgase a observarla en acción en un maestro del Tai Chi o del Aikido.
El fundamento femenino Yin es soporte, recipiente, está vivo en todas las criaturas y en todo ser humano. De visión práctica, moderada y penetración suave. Permite el pleno desarrollo de las diversas cosas. Su potencia transformadora es gloriosa.
Asimismo, la energía masculina, llamada también Yang, equilibra la energía femenina. Está operante dentro y en nuestro alrededor. Da forma al mundo de acuerdo con el orden cósmico.
Enfoca las cosas con mayor exigencia y agresividad. Nos sirve para poner en marcha grandes proyectos y en la tranquilidad acumular vitalidad y desarrollar el carácter. Ofrenda sentido, iniciativa, dirección y chispa creativa a nuestra vida.
El conocimiento y la comprobación filosófica y científica están dadas. La dinámica de los opuestos nos brinda equilibrio. “Y los opuestos se atraen porque cada mitad puede ofrecer lo que la otra no tiene y necesita...”.
Deja claro la igualdad de sus poderes y la diferencia de sus cualidades.
Sin embargo, aún hay distancias que vencer. Los milenios no han sido suficientes para aprender. Y el ego de los individuos, hombres y mujeres, participantes en las estructuras sociales, políticas, militares, religiosas, desafortunadamente, no lo facilitan.
Evidentemente, los aportes de estos principios vitales son obviados. La batalla hombre-mujer es por otro tipo de “poder”. El que consiente sujeción y amedrentación.
Tenemos que modificar el pensamiento y la conducta. La única imposición deberá ser salvar tal situación obrando con humanidad.
Para lograr armonía en la relación entre sexos y con la naturaleza, es preciso utilizar ambos modos de actuar sin dar excesivo énfasis a ninguno de los dos. De lo contrario sólo se estará usando la mitad del potencial.
Aprecie los poderes de esta dos energías activas. Cese la exaltación de un polo y el descuido del otro.
La polaridad es una de las grandezas de la Creación; y ésta es... ... ... !perfecta!
¡Cada ser humano es un canal de expresión de esta maravillosa perfección!
¡Bendiciones!
“Todo en la Naturaleza está dividido, todo cuanto hay en ella constituye una mitad que otra cosa debe completar: espíritu y materia, hombre y mujer, subjetivo y objetivo, interior y exterior, superior e inferior, sí y no...
El sistema entero de las cosas está representado en todas sus partes. Hay en cada ser algo que nos recuerda el flujo y reflujo de las mareas oceánicas, el día y la noche, el hombre y la mujer”. I ching
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