miércoles, 20 de febrero de 2008

El Amor y la Patria

El Diccionario de la Lengua Española define "patria" como: “Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos o afectivos”.

Cabe preguntar, ¿habrá una nación dónde no resida alguna persona procedente de otro espacio terrestre?

Entonces, “amar la patria”... ¿a cuál patria?

¿Por qué nuestro sentimiento hacia ella tiene sentido de pertenencia? ¿Se debe considerar que la superficie donde nacemos y/o residimos nos pertenece? ¿Quién nos la dio? ¿Acaso no es la tierra un bien común como toda parte de la naturaleza?

¿Por qué, la mayoría de las veces, la agresión ha sido el medio para apoderarse de territorios a los cuales después se nombra como patria? ¿No ha sido un falsa superioridad, la necesidad de posesión o el sectarismo los argumentos principales para crear barreras?

Al comenzar la humanidad a utilizar los bienes naturales, el egoísmo la condujo a “defender” lo que creía suyo.

Representada por sus gobernantes, hasta hoy continua y prefiere vivir en permanente relaciones combativas. Se desangra, aniquila, malgasta tiempo y dinero y realiza tareas de enormes proporciones para controlar lo que debería ser el tránsito común de las personas entre uno y otro suelo.

El que habitantes de terruños específicos desarrollen costumbres, lenguas, deportes, música, comidas y demás particularidades no es motivo para deslindarlos. ¿En una misma nación no coexisten estas diferencias? ¿Por qué retratar el país desde un punto de vista cultural, racista, religioso o elitista y excluyente?

La diversidad aporta nuevos aprendizajes.

Millones de individuos se desplazan a otros predios para establecerse de manera fija o provisional por razones afectivas, económicas, educativas, laborales o familiares. Por cuanto, por ejemplo, no es cierto que Japón sea la patria de los japoneses. Esa es una imprecisión.

Al referirse al “poder y estrategia en la economía entrelazada”, K. Ohmae en su libro “El mundo sin fronteras” señala: “En un mapamundi político, las fronteras entre los países siguen siendo tan precisas como siempre, pero en un mapamundi competitivo - uno que muestre los verdaderos flujos de actividad financiera e industrial – en gran medida esas fronteras ya no existen”.

Entonces, si para la comercialización (y desafortunadamente también para la invasión) se disuelven los linderos, ¿por qué no pensar que estos pueden abolirse para la migración?

El ser humano debería reflexionar sobre el siguiente concepto: La patria es el Planeta Tierra. Hay que aprender a derribar muros, porque los territorios no deben tener dueños ni limitaciones.

¿Es propiedad de alguien el aire, los colores, la luz del sol, las aguas de los océanos, la primavera, los reflejos de la luna, el invierno, las constelaciones, el viento, el atardecer, la lluvia, el amanecer, la verdad, el silencio, la magia, el día, las estrellas, el sonido, la belleza, la ternura y la noche?

Una cosa es el orden y otra la frontera. La humanidad tendrá que responder por el trato inapropiado que le da a este bien, brindando gratuita e incondicionalmente por la Divinidad Creadora.

El Amor a la patria no es diferente al ofrendado en otras vertientes. El Amor es uno solo; no hace distinción. Tampoco conoce divisiones geográficas; es absolutamente incluyente.

Y la única Patria debería ser gobernada por la sabiduría, no por el egoísmo y la discriminación.

¡Bendiciones!

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