Vivimos en contextos filosóficos y sueños entre sueños.
Buen motivo para quienes ya forma parte de la antología revisar y formular sus propósitos al inicio de cada nuevo año. Tratan de confirmar la efectividad de sus acciones diarias.
En un proyecto económico se inspecciona regularmente el estado de situación investigando si debe corregirse, reforzase o incorporarse elementos para optimizar los resultados. Igual en el aprendizaje escolar-académico, la aplicación de los exámenes indica el nivel de obtención y la dirección que llevan los esfuerzos: quizás repruebe o quizás apruebe las materias y se gradúe.
La revisión de los propósitos es la supervisión a la más importante obra: la realización de su vida. El cómo llegó o no a determinadas circunstancias y qué incidió en alcanzar o no determinada meta. En todo proyecto, tal práctica aumenta las posibilidades de realización.
El comienzo del año nos induce, pues, a sugerir algunas ideas de construcción de propósitos, con base a las expuestas en los temas que anteriormente hemos publicado.
Priorizar su desarrollo. Nadie ofrece lo que no tiene o no reconoce en sí mismo como bien. Sea consciente de la naturaleza divina y humana de su ser. Experimente satisfacciones transcendentales dejando fluir la espiritualidad; es la búsqueda y fin de la existencia humana.
Indispensable afrontar y no repetir los viejos hábitos que obstaculizan el cumplimiento de sus intenciones. Evidencie los que le provocan aprendizajes difíciles: falta de previsión, irresponsabilidad, actuaciones soberbias, veleidosas o impulsadas por el odio y la venganza; o la actitud mental que le impidió capitalizar las potencialidades
Propóngase superar miedo, inflexibilidad, indecisión, culpa, pesimismo o pereza. Estas debilidades lo/a colocan en posición precaria para alcanzar cualquier objetivo: crecimiento profesional, avenencia con la pareja, incremento de la productividad, mejores relaciones interpersonales, disfrute de la sexualidad, paz interna, salud, dicha.
Muestre compasión, generosidad y solidaridad. El Universo opera a través de la Ley del Dar y Recibir. No pretenda “pedir, merecer, proponerse o lograr” nada, faltando al ejercicio de “dar”. Oportunidades simples y válidas tiene en demasía. Y, por supuesto, lo que dé, recibirá.
Disponga de tiempo, aun sea mínimo, para hacer lo que le guste. Actividades sencillas pueden reportarle felicidad. ¡Consiéntase!
La familia sigue siendo un eficaz soporte; cuide de fortalecer los vínculos con ella. Igualmente, preste atención a su pareja. Se obtiene mayor comprensión, afecto y apoyo con la comunicación y la empatía.
Ninguna edad es excusa para no adquirir más conocimiento. Dentro de los retos profesional-laboral, estudiar una especialización u otro idioma, tomar en cuenta los avances tecnológicos y demás requisitos de modernidad, representa una ampliación en su red social e ingresos económicos.
Ganar dinero es muy bueno. Sólo vigile el uso que le dará; que no le conduzca a una colisión con sus principios. Además de facilitar bienestar material, el dinero proporciona diversas vías para ayudar a otros.
No se necesita pretexto para tener aspiraciones. Aun sin práctica en este tema, el ser humano de modo natural nunca cierra las puertas de la esperanza. Formule sus propósitos con entusiasmo. No quebrante sus decisiones y sea perseverante velando no llegar a la obsesión.
Comience y termine sus días con un optimismo aristotélico, desde una óptica consciente de las potencialidades de su verdadero ser. Aprenda a ver los retos de manera estimulante. Siempre es tiempo de orden y esperanza. Cada individuo espera que los eventos que vivirá mañana, sean mejores. Esa es la gran proeza humana.
Al desconocer el porvenir, todos sus propósitos no necesariamente podrían serle beneficiosos. Entonces, confíe también en los designios de Dios y recuerde que el campo de realización incluye el desapego a los resultados. No permita que sus deseos eclipsen la posibilidad de lograr la armonía en usted, con el prójimo y con la naturaleza.
¡Bendiciones!
“¿No sería maravilloso que tú pudieras ser feliz, se realizasen o no tus deseos? De: “El corazón humano”. Anthony De Mello
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