martes, 29 de enero de 2008

La improductividad de los conflictos (2 de 2)

El drama que desatan los conflictos nos revela las complejas necesidades emocionales que padece el ser humano. Como si en su mapa genético tuviese la predisposición al sufrimiento, porque tiene la necedad de quedarse sentado en el hormiguero.

El poder destructivo de los conflictos no puede se ignorado; tiene componentes emocionales y bioquímicos.

En ellos interactúan los roles víctima-victimario/a, los cuales no son compatibles con el desarrollo personal; con el mejoramiento de la condición humana.

Es cierto que hay quienes se la pasan escarbando motivos para provocarlos. Usan a los otros para sus imposibilidades. Sin embargo, para transformar la situación la opción no es execrarlos. Rechazar a la gente no protege.

Se precisa que ambas o una de las partes admita la ineptitud de afrontar esa inclinación o adicción y decida elegir mejores formas de actuar a partir de sí mismo.

Es preferible enfrentar con honestidad las causas y hacer lo que haya que hacer, aunque existan barreras de resentimiento que pongan a prueba la sinceridad de nuestra búsqueda. Siempre hay salidas funcionales. No actuar sólo crea amargura y deterioro del respeto por uno mismo.

Para construir paz hay que reinventar conductas. Controle sus impulsos. Muestre benevolencia. Ofrezca comunicación, empatía, flexibilidad; pero ante todo brinde amabilidad. Muchos sólo esperan un gesto gentil de los demás.

Si usted es quien padece tal propensión y siente que solo no puede remediarla: obtenga ayuda. Un/a terapeuta le facilita y acompaña a descubrir los motivos de esas perturbadoras reacciones.

Simples o graves, los conflictos no tienen resultados redituables. Son los mayores generadores de la aflicción humana. Es una pérdida de energía y tiempo irrecuperables.

Abolirlos tendrá impacto en el universo de las acciones suyas. Es una determinación que fortalecerá todos los niveles de su vida.

Y también, por la fuerza del ejemplo usted se convertirá en un individuo que inducirá a otros hacia igual decisión. Cambiando con ello el espiral de agresión por uno de comprensión, para escribir las nuevas historias.

Busque, viva y defienda la paz, con una actitud de paz. Esa práctica es un efectivo bálsamo para disminuir el sufrimiento en la humanidad.

¡Considérelo!

¡Bendiciones!

“No fue el martillo el que dejó perfectas estas piedras, sino el agua, con su dulzura, su danza, y su canción. Donde la dureza sólo consigue destruir, la suavidad consigue esculpir”. R. Tagore


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