Los miedos son numerosos y diversos como los actos humanos.
Incluso, algunos de los factores que motivan esperanza también originan miedos.
El inicio de ellos es la dependencia de otras personas que tiene el ser humano al nacer. A veces los primeros miedos son superados, pero a veces se agudizan según la conducta de quienes se depende. Sumando, posteriormente, los que usted se permita experimentar de acuerdo a la capacidad que desarrolle para manejarlos.
Temores asociados a: sentimientos y reacciones, creencias religiosas, pérdidas, aspecto económico, muerte, enfermedades, sexualidad, apariencia física, relación familiar y de pareja, trabajo y a eventos fortuitos.
Por ejemplo: temor a no ser querido, a sufrir, recibir castigo de Dios, hacer el ridículo, ser rechazado, sentir angustia, perder la fe, la pareja, el empleo. A morir joven; de una enfermedad terminal o contagiosa. A la impotencia, homosexualidad, infidelidad, violación, soledad, envejecimiento. A no satisfacer las expectativas de sus familiares, a no ser reconocido, necesitado. A robos, secuestros y atropellos.
Asimismo, muchos temen soñar, merecer, descubrir sus talentos, triunfar, cambiar hábitos para crecer; como también temen a la verdad, a la paz y a vivir.
Las inconciencias, necesidades e inseguridades humanas son la materia prima de la mente para fabricarlos; y ésta es muy fértil para eso.
El miedo es una anticipación de algo que aún no ha ocurrido; una suposición mental. Por cuanto, usted puede controlarlo y utilizarlo para logros significativos o seguir permitiéndose experimentarlo a costa de limitar su vida.
Cuando lo cultiva se expone a producir impredecibles reacciones que podrían ser peligrosas; sus ideas, palabras y acciones pueden afectar la vida de otro. Igualmente, alguien obtendrá ventaja al descubrirlo. Usted desarrollará la tendencia a atraer y ver suceder lo que teme; proyectará, esparcirá, transmitirá y construirá una cadena de temores que reproducirá más miedo y malestar.
Quien siente temor y a pesar de ello sigue adelante, sin dejarse intimidar, demuestra valentía. Tendrá la posibilidad de actuar con coraje y dignidad ante situaciones de la vida; y podrá más fácilmente exceder las dificultades que le cause el mismo.
Recuerde que, generalmente, el vínculo común que tiene con otros/as es el miedo, aunque las razones sean distintas. Por eso es preciso solicitar ayuda, compartir y comprender las acciones y reacciones de los demás, ocasionadas por él.
¡Hable de sus miedos! ¡Enfréntelos!
El miedo puede ser grande, pero su conexión con el Poder Supremo es mayor que cualquier miedo.
¡Decídase a comprobarlo!
¡Bendiciones!
“La Vía del hombre superior consiste en tres cosas:
La virtud de humanidad que elimina toda inquietud, la sabiduría que disipa la incertidumbre y la valentía que libera de todo temor”. Confucio
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